Nuevo año, reflexiones varias

Ante todo, feliz año a todos los que lean estas líneas.

Está claro que el descanso navideño y la sobrealimentación, no excesiva, nos renueva de algún modo, y surgen así distintas, y a veces coincidentes, reflexiones sobre este mundo de la educación.

Destaco dos:

Aníbal de La Torre, a quien admiro, en su maravillosa bitácora, que más parece suculenta bodega, donde podemos encontrar múltiples tesoros, se remanga, y nos comenta su opinión sobre El verdadero problema del sistema educativo español”.

Olga Díez, a quien también admiro y además conozco, en su blog La brújula nos comenta éste y otros artículos que nos hablan del tema, algunos recientes y otros ya más “clásicos”.

No debiera yo arriesgarme, pero este blog va de estos temas, y qué menos que mantener en mi blog el derecho a equivocarme.

Bueno, pues, aunque los argumentos del artículo de Aníbal son muy válidos, los comparto y forman parte del problema, quizás, bajo tan radical título, creo yo que hay una excesiva simplificación de la situación (o de los problemas, que son muchos) de la Educación en nuestro país (y en muchos otros, por desgracia).

Que más quisiera yo que detectásemos el virus, se encontrase una vacuna y llegara así la solución de nuestros males educativos.

Pero me temo que el diagnóstico es el típico, parcial e incompleto del informe Pisa: matemáticas, lengua e inglés, la nueva “trinidad” de la educación, y de otros informes: sobre el acoso escolar, sobre la situación docente,…

Respecto a la cura: evidentemente, nuestro currículum es rígido, anticuado y poco conectado con nuestros alumnos y con esta época. No estaría mal cambiarlo.

Pero llevo veinte años en la educación y los sucesivos cambios reformas y contrarreformas han incidido precisamente en eso, nuevas asignaturas, reducciones de horas, cambios de ciclos, de bachilleratos, de accesos. El papel todo lo aguanta, todo es negociable, se contenta a todos y al final … estamos como estamos. Así que dudo de nuestra capacidad al respecto.

¿Y la formación del profesorado? los que somos cuarentones como yo nos formamos en la escuela de pupitre y pizarra, si acaso vimos algunas diapositivas, fotocopias, alguna transparencia, nos evaluaron individualmente, los equipos eran sólo para el fútbol, conseguimos nuestro trabajo en dura pugna individual, y raramente coincidimos con nuestros compañeros de Departamento, si es que los tenemos, no ya sólo en ideas, sino en tiempo compartido o en margen para reunirnos. No digamos ya con otros compañeros de otras materias.

Así que, indudablemente, no nos vendría mal algo de formación y colaboración en esto del constructivsmo, pero será difícil, porque, ¿dónde encontraremos quienes puedan enseñarnos, en la Universidad, en las empresas, en la Administración, entre nuestros compañeros? ¿y habrá tiempo y dinero para esa formación?

Mucho me temo que esa formación y colaboración raramente partirá de las Administraciones, será más bien labor personal de los propios profesores, que voluntariamente habrán de formarse por su cuenta y crear esa red colaborativa utilizando los recursos de las nuevas tecnologías. (Apunto aquí una iniciativa que va en ese camino, y que seguramente ya conocen, el Wikillerato ).

Y respecto al “conocimiento libre”, que comparto, aparte de las múltiples ataduras, contratos, premios y hábitos adquiridos que lo dificultan, a mi me gustaría apostar también por el “conocimiento propio” y por el “conocimiento nuevo”.

Pero claro, para eso habría que juzgar nuestros objetivos y nuestro éxito o fracaso, no basándonos en una concreta y limitada serie de materias que apuestan por el conocimiento repetido y memorizado de conceptos, reglas y teoremas. Habría que juzgar al alumno alejándonos del modelo único, “ideal” o clónico.

Para ello, tendríamos que basarnos en objetivos que figuran ocultos en nuestro currículum y raramente se evalúan: la opinión propia, el autoconcepto, la autonomía, la creatividad y el trabajo en equipo. Tendríamos que tratar entonces con múltiples tipos de alumnos (¡qué raro, como en la vida real…!).

Y volveríamos entonces al discente, el objeto de este blog, valorando al alumnado maduro, independiente, original, creativo, y basándonos en lo que sale realmente de propio y nuevo de nuestras aulas, en lo que aporta la Educación a la sociedad.

¿Será eso posible?

Published in: on 10 enero 2007 at 10:35 pm  Comments (2)  

Nuevo año, reflexiones varias

Ante todo, feliz año a todos los que lean estas líneas.

Está claro que el descanso navideño y la sobrealimentación, no excesiva, nos renueva de algún modo, y surgen así distintas, y a veces coincidentes, reflexiones sobre este mundo de la educación.

Destaco dos:

Aníbal de La Torre, a quien admiro, en su maravillosa bitácora, que más parece suculenta bodega, donde podemos encontrar múltiples tesoros, se remanga, y nos comenta su opinión sobre El verdadero problema del sistema educativo español”.

Olga Díez, a quien también admiro y además conozco, en su blog La brújula nos comenta éste y otros artículos que nos hablan del tema, algunos recientes y otros ya más “clásicos”.

No debiera yo arriesgarme, pero este blog va de estos temas, y qué menos que mantener en mi blog el derecho a equivocarme.

Bueno, pues, aunque los argumentos del artículo de Aníbal son muy válidos, los comparto y forman parte del problema, quizás, bajo tan radical título, creo yo que hay una excesiva simplificación de la situación (o de los problemas, que son muchos) de la Educación en nuestro país (y en muchos otros, por desgracia).

Que más quisiera yo que detectásemos el virus, se encontrase una vacuna y llegara así la solución de nuestros males educativos.

Pero me temo que el diagnóstico es el típico, parcial e incompleto del informe Pisa: matemáticas, lengua e inglés, la nueva “trinidad” de la educación, y de otros informes: sobre el acoso escolar, sobre la situación docente,…

Respecto a la cura: evidentemente, nuestro currículum es rígido, anticuado y poco conectado con nuestros alumnos y con esta época. No estaría mal cambiarlo.

Pero llevo veinte años en la educación y los sucesivos cambios reformas y contrarreformas han incidido precisamente en eso, nuevas asignaturas, reducciones de horas, cambios de ciclos, de bachilleratos, de accesos. El papel todo lo aguanta, todo es negociable, se contenta a todos y al final … estamos como estamos. Así que dudo de nuestra capacidad al respecto.

¿Y la formación del profesorado? los que somos cuarentones como yo nos formamos en la escuela de pupitre y pizarra, si acaso vimos algunas diapositivas, fotocopias, alguna transparencia, nos evaluaron individualmente, los equipos eran sólo para el fútbol, conseguimos nuestro trabajo en dura pugna individual, y raramente coincidimos con nuestros compañeros de Departamento, si es que los tenemos, no ya sólo en ideas, sino en tiempo compartido o en margen para reunirnos. No digamos ya con otros compañeros de otras materias.

Así que, indudablemente, no nos vendría mal algo de formación y colaboración en esto del constructivsmo, pero será difícil, porque, ¿dónde encontraremos quienes puedan enseñarnos, en la Universidad, en las empresas, en la Administración, entre nuestros compañeros? ¿y habrá tiempo y dinero para esa formación?

Mucho me temo que esa formación y colaboración raramente partirá de las Administraciones, será más bien labor personal de los propios profesores, que voluntariamente habrán de formarse por su cuenta y crear esa red colaborativa utilizando los recursos de las nuevas tecnologías. (Apunto aquí una iniciativa que va en ese camino, y que seguramente ya conocen, el Wikillerato ).

Y respecto al “conocimiento libre”, que comparto, aparte de las múltiples ataduras, contratos, premios y hábitos adquiridos que lo dificultan, a mi me gustaría apostar también por el “conocimiento propio” y por el “conocimiento nuevo”.

Pero claro, para eso habría que juzgar nuestros objetivos y nuestro éxito o fracaso, no basándonos en una concreta y limitada serie de materias que apuestan por el conocimiento repetido y memorizado de conceptos, reglas y teoremas. Habría que juzgar al alumno alejándonos del modelo único, “ideal” o clónico.

Para ello, tendríamos que basarnos en objetivos que figuran ocultos en nuestro currículum y raramente se evalúan: la opinión propia, el autoconcepto, la autonomía, la creatividad y el trabajo en equipo. Tendríamos que tratar entonces con múltiples tipos de alumnos (¡qué raro, como en la vida real…!).

Y volveríamos entonces al discente, el objeto de este blog, valorando al alumnado maduro, independiente, original, creativo, y basándonos en lo que sale realmente de propio y nuevo de nuestras aulas, en lo que aporta la Educación a la sociedad.

¿Será eso posible?

Published in: on 10 enero 2007 at 9:35 pm  Comments (1)  

Nuevo año, reflexiones varias

Ante todo, feliz año a todos los que lean estas líneas.

Está claro que el descanso navideño y la sobrealimentación, no excesiva, nos renueva de algún modo, y surgen así distintas, y a veces coincidentes, reflexiones sobre este mundo de la educación.

Destaco dos:

Aníbal de La Torre, a quien admiro, en su maravillosa bitácora, que más parece suculenta bodega, donde podemos encontrar múltiples tesoros, se remanga, y nos comenta su opinión sobre El verdadero problema del sistema educativo español”.

Olga Díez, a quien también admiro y además conozco, en su blog La brújula nos comenta éste y otros artículos que nos hablan del tema, algunos recientes y otros ya más “clásicos”.

No debiera yo arriesgarme, pero este blog va de estos temas, y qué menos que mantener en mi blog el derecho a equivocarme.

Bueno, pues, aunque los argumentos del artículo de Aníbal son muy válidos, los comparto y forman parte del problema, quizás, bajo tan radical título, creo yo que hay una excesiva simplificación de la situación (o de los problemas, que son muchos) de la Educación en nuestro país (y en muchos otros, por desgracia).

Que más quisiera yo que detectásemos el virus, se encontrase una vacuna y llegara así la solución de nuestros males educativos.

Pero me temo que el diagnóstico es el típico, parcial e incompleto del informe Pisa: matemáticas, lengua e inglés, la nueva “trinidad” de la educación, y de otros informes: sobre el acoso escolar, sobre la situación docente,…

Respecto a la cura: evidentemente, nuestro currículum es rígido, anticuado y poco conectado con nuestros alumnos y con esta época. No estaría mal cambiarlo.

Pero llevo veinte años en la educación y los sucesivos cambios reformas y contrarreformas han incidido precisamente en eso, nuevas asignaturas, reducciones de horas, cambios de ciclos, de bachilleratos, de accesos. El papel todo lo aguanta, todo es negociable, se contenta a todos y al final … estamos como estamos. Así que dudo de nuestra capacidad al respecto.

¿Y la formación del profesorado? los que somos cuarentones como yo nos formamos en la escuela de pupitre y pizarra, si acaso vimos algunas diapositivas, fotocopias, alguna transparencia, nos evaluaron individualmente, los equipos eran sólo para el fútbol, conseguimos nuestro trabajo en dura pugna individual, y raramente coincidimos con nuestros compañeros de Departamento, si es que los tenemos, no ya sólo en ideas, sino en tiempo compartido o en margen para reunirnos. No digamos ya con otros compañeros de otras materias.

Así que, indudablemente, no nos vendría mal algo de formación y colaboración en esto del constructivsmo, pero será difícil, porque, ¿dónde encontraremos quienes puedan enseñarnos, en la Universidad, en las empresas, en la Administración, entre nuestros compañeros? ¿y habrá tiempo y dinero para esa formación?

Mucho me temo que esa formación y colaboración raramente partirá de las Administraciones, será más bien labor personal de los propios profesores, que voluntariamente habrán de formarse por su cuenta y crear esa red colaborativa utilizando los recursos de las nuevas tecnologías. (Apunto aquí una iniciativa que va en ese camino, y que seguramente ya conocen, el Wikillerato ).

Y respecto al “conocimiento libre”, que comparto, aparte de las múltiples ataduras, contratos, premios y hábitos adquiridos que lo dificultan, a mi me gustaría apostar también por el “conocimiento propio” y por el “conocimiento nuevo”.

Pero claro, para eso habría que juzgar nuestros objetivos y nuestro éxito o fracaso, no basándonos en una concreta y limitada serie de materias que apuestan por el conocimiento repetido y memorizado de conceptos, reglas y teoremas. Habría que juzgar al alumno alejándonos del modelo único, “ideal” o clónico.

Para ello, tendríamos que basarnos en objetivos que figuran ocultos en nuestro currículum y raramente se evalúan: la opinión propia, el autoconcepto, la autonomía, la creatividad y el trabajo en equipo. Tendríamos que tratar entonces con múltiples tipos de alumnos (¡qué raro, como en la vida real…!).

Y volveríamos entonces al discente, el objeto de este blog, valorando al alumnado maduro, independiente, original, creativo, y basándonos en lo que sale realmente de propio y nuevo de nuestras aulas, en lo que aporta la Educación a la sociedad.

¿Será eso posible?

Published in: on 10 enero 2007 at 9:35 pm  Comments (1)