>Mis cinco Macs (que en realidad son siete) -(y 2)

>

Una fallida operación en eBay me hizo perder un portátil Powerbook 1400. Lo pararon en aduana. Lo devolvieron a Estados Unidos. Un desastre. Sería por eso, o las casualidades pero fue en Granada también, y ya en 2002, cuando compré de segunda mano mi primer pórtátil Mac, un PowerBook 1400C, que miren por dónde, ya venía “tuneado”. Llevaba un procesador G3 250 mhz y 64 mb de RAM. Eso sí, la batería estaba muerta. Pero, enchufado, una máquina.

Por entonces había pasado la moda Apple de colorines y el Mac Os X ya llevaba dos años de vida. Pero el salto ya era suficiente para mí. No tenía USB, pero podía adaptarle una tarjeta de red, un lector de tarjetas flash y hasta una grabadora de CDs, SCSI, claro.

Los siguientes años seguí comprando portátiles Mac de segunda mano.
Dos Powerbook G3 Lombard, uno de 333 mhz, que no leía DVD, y el de 400 mhz, que sí. Ya traían el Mac OS X 10.1.

No figuran entre la lista de cinco, pero sí que están entre mi torre de cinco portátiles y fueron los que me fueron descubriendo el nuevo sistema Mac, sus nuevos programas y nuevas posibilidades de conexión.

Luego, en 2005, desde Irlanda y por eBay vino el Powerbook G3 Pismo a 400 mhz, pero más rápido y con Firewire. Con él dí el salto al Mac OS 10.3 Jaguar. Le amplié la memoria, le amplié el disco duro, y dejé de sufrir algo con la velocidad.

Con el Mac X e Internet descubrí los foros y las listas de usuarios Mac (LSPM, GumCanarias, GumMálaga, GumSevilla). Esas personas que, fuera de su tiempo, te ayudan con el sistema, te aclaran una duda, te avisan de novedades. A veces bastaba recordar un mensaje para encontrar la solución a un problema. Y las web dedicadas al Mac (Macuarium, MacWorld, otras muchas). Por fin podía uno leer, y en español, reseñas o tutoriales de programas o de trucos útiles.

Mi penúltima adquisición, y el más actual de mis Macs, es este iMac Intel Core Duo. Desde él escribo. Con él di el salto a Mac Os Tiger 10.4, y a los procesadores más actuales. Varios programas abiertos al mismo tiempo. Se acabó el irme a tomar un café. o a cenar mientras codificaba una película o grababa un DVD. Además podía actualizar mis programas sin leer la letra pequeña. Y compartir los trucos de los foros.

Y encima es bonito, funcional y práctico. ¿Qué más se puede pedir? … Vale, vale, se pueden pedir muchas más cosas, pero a mí me vale. (Claro, es de 17 pulgadas. De los que van a retirar… si es que yo tengo un vista …digo, una vista… pero es que, como mi despacho es pequeño, tres pulgadas más se notan, eh!)

¿Pero creen que la historia se acaba aquí?
Si han llegado hasta aquí (muchas gracias) y han ido contando, verán que falta uno:

Y es que no hay cuatro sin cinco. En eBay vi un hermoso PowerBook Titanium por 300 euritos, y no pude resistirme. Un G4 a 800 mhz, planito, gris metalizado, con la manzanita al derecho,… Y aquí está. Sí, un poco desconchadito, pero bueno, es silencioso, cómodo, razonablemente rápido y fácil de usar. Un Mac, en suma. Casi nada.

¿Será éste mi último Mac?

¿qué me dicen de los iPod? ¿y el Mac Os Leopard? ¿los nuevos iMac? ¿el MacBook Santa Rosa? ¿el iPhone?

Bueno, nadie es perfecto… y mi cumpleaños es en noviembre…

Published in: on 6 agosto 2007 at 3:40 am  Dejar un comentario  

Mis cinco Macs (que en realidad son siete) -(y 2)

Una fallida operación en eBay me hizo perder un portátil Powerbook 1400. Lo pararon en aduana. Lo devolvieron a Estados Unidos. Un desastre. Sería por eso, o las casualidades pero fue en Granada también, y ya en 2002, cuando compré de segunda mano mi primer pórtátil Mac, un PowerBook 1400C, que miren por dónde, ya venía “tuneado”. Llevaba un procesador G3 250 mhz y 64 mb de RAM. Eso sí, la batería estaba muerta. Pero, enchufado, una máquina.

Por entonces había pasado la moda Apple de colorines y el Mac Os X ya llevaba dos años de vida. Pero el salto ya era suficiente para mí. No tenía USB, pero podía adaptarle una tarjeta de red, un lector de tarjetas flash y hasta una grabadora de CDs, SCSI, claro.

Los siguientes años seguí comprando portátiles Mac de segunda mano.
Dos Powerbook G3 Lombard, uno de 333 mhz, que no leía DVD, y el de 400 mhz, que sí. Ya traían el Mac OS X 10.1.

No figuran entre la lista de cinco, pero sí que están entre mi torre de cinco portátiles y fueron los que me fueron descubriendo el nuevo sistema Mac, sus nuevos programas y nuevas posibilidades de conexión.

Luego, en 2005, desde Irlanda y por eBay vino el Powerbook G3 Pismo a 400 mhz, pero más rápido y con Firewire. Con él dí el salto al Mac OS 10.3 Jaguar. Le amplié la memoria, le amplié el disco duro, y dejé de sufrir algo con la velocidad.

Con el Mac X e Internet descubrí los foros y las listas de usuarios Mac (LSPM, GumCanarias, GumMálaga, GumSevilla). Esas personas que, fuera de su tiempo, te ayudan con el sistema, te aclaran una duda, te avisan de novedades. A veces bastaba recordar un mensaje para encontrar la solución a un problema. Y las web dedicadas al Mac (Macuarium, MacWorld, otras muchas). Por fin podía uno leer, y en español, reseñas o tutoriales de programas o de trucos útiles.

Mi penúltima adquisición, y el más actual de mis Macs, es este iMac Intel Core Duo. Desde él escribo. Con él di el salto a Mac Os Tiger 10.4, y a los procesadores más actuales. Varios programas abiertos al mismo tiempo. Se acabó el irme a tomar un café. o a cenar mientras codificaba una película o grababa un DVD. Además podía actualizar mis programas sin leer la letra pequeña. Y compartir los trucos de los foros.

Y encima es bonito, funcional y práctico. ¿Qué más se puede pedir? … Vale, vale, se pueden pedir muchas más cosas, pero a mí me vale. (Claro, es de 17 pulgadas. De los que van a retirar… si es que yo tengo un vista …digo, una vista… pero es que, como mi despacho es pequeño, tres pulgadas más se notan, eh!)

¿Pero creen que la historia se acaba aquí?
Si han llegado hasta aquí (muchas gracias) y han ido contando, verán que falta uno:

Y es que no hay cuatro sin cinco. En eBay vi un hermoso PowerBook Titanium por 300 euritos, y no pude resistirme. Un G4 a 800 mhz, planito, gris metalizado, con la manzanita al derecho,… Y aquí está. Sí, un poco desconchadito, pero bueno, es silencioso, cómodo, razonablemente rápido y fácil de usar. Un Mac, en suma. Casi nada.

¿Será éste mi último Mac?

¿qué me dicen de los iPod? ¿y el Mac Os Leopard? ¿los nuevos iMac? ¿el MacBook Santa Rosa? ¿el iPhone?

Bueno, nadie es perfecto… y mi cumpleaños es en noviembre…

Published in: on 6 agosto 2007 at 3:40 am  Dejar un comentario  

>Mis cinco Macs (que en realidad son siete) – Introducción (1)

>

Pues sí, al fín lo reconozco, soy usuario de Mac, podría decir de Apple, pero no sé, me gusta más, quizás porque mi primer Apple fue un Mac…

Pero bueno, no quiero liarles más. Lo que sigue es la historia de mis Macs. Ahora ya no ocurre, pero hasta hace unos años hablar de Macs en España, en ciertas partes de España, era como tener un coche ruso, nadie sabía de ellos, sus tiendas estaban ocultas en oscuros rincones, cuando ibas a comprar un accesorio a otra tienda de ordenadores ibas como a las farmacias a comprar condones, en voz baja (…es que tengo un Mac… ¿Un qué…?).

En la vida diaria trabajaba con PCs, esas cajas enormes y ruidosas llenas de cables, y pantallas repletas de carpetas amarillas, donde su mayor prodigio gráfico era el Paint (con el que la gente hace maravillas, vean en Youtube, pero yo no pude pasar de la figurita del ahorcado y las señales de tráfico) y el Word, que no me gustaba, era feo y lioso, pero hubo que tragar ( …te paso el archivo en Word, ¿cómo … se hace esto en Word? ). No era fácil hablar de Mac (¿Dónde dices que está esa tienda? ¿Y cuánto dices que cuesta?…).

Así que no puedo hablarles gran cosa de los Macs en la educación. Otros/as hay que pueden hablar mejor. La buena gente de Proyecto Grimm, que lleva años trabajando con ellos, podrían decirle mucho más.

Esta es, pues, una historia muy personal, que quizás me deba más a mí mismo que a este blog. Pensé abrir un nuevo blog sobre Macs, y poner esta historia allí, pero, bueno, estamos en agosto, y esta historia también trata de un largo aprendizaje, así que … si están interesados, y tiene algo de tiempo, lean los siguientes post. Primero los fraccioné en cuatro partes, pero son muchas, al final lo he dejado en dos. No me gustan los post demasiado largos, pero esta historia lo era.

Desde 1993 uso un Mac.

Antes había tenido un ZX Spectrum, un Amstrad, y un clónico PC. De ellos casi no recuerdo nada. Pasé de los monitores de fósforo naranja a los negros con letras verdes, hasta llegar a los monitores en color. De las cintas de casette a los discos de 5 y cuarto, y de ellos a los disquetes hasta llegar a los zips y a los discos duros. Y del Basic al MS-Dos, y luego el Windows 3.1. y llegué al Mac OS 7.

Pero en 1993, en Granada, me compré este Mac: Un Mac Color Classic, de 16 mhz y 8 megas de ram, 40 mg de disco duro, disquetera y una pantalla de… 9 pulgadas que daba 512 x 384 pixeles, eso sí, en color, y con el sistema Mac Os 7.1. ¿Quién se hubiese resistido?

Comprar un Mac por entonces en España, y más en Granada, era una aventura. Apple España era Apple Madrid y a mí me quedaba tan lejos como Oklahoma. Al poco tiempo la tienda de Granada donde lo compré cambió de línea de negocio y se pasó a unos portátiles PC, cuyo nombre ahora no soy capaz de recordar. Años después algunas tiendas valientes abrieron por allí, y aún siguen como Astérix, resistiendo al invasor.

Cómo pude aguantar y alargar su vida hasta 2002 no es comprensible, y punto. Cierto que luego Apple sacó los horribles, para mí, performas y las torres beige. Y que su nuevo sistema operativo, el 8, no me aportaba grandes cosas.

Para mí, llegar a casa y encender el Mac era como cambiar de mundo. De los programas grises del PC, pasaba a las ventanas y carpetas de colores del Mac. De la pantalla grande a la minúscula, que aumentaba mi concentración, y seguramente, mi miopía. Con el PC apenas me atrevía, pero con el Mac e Hipercard me atrevía con algunas rutinas, personalizaba algunas imágenes, me lucía con tipografías poco conocidas. Y luego me buscaba la vida. Si le faltaba disco duro, montañas de disquetes. Luego llegaron los zips externos.

Y en eso llegó Internet. Yo ya había vuelto a Las Palmas. Un PC entró en la casa y la tarifa plana telefónica nocturna. Se convirtieron en los mejores aliados de mi mac-manía. Navegaba y buscaba cosas para Mac. Miraba los modelos, los viejos programas compatibles con OS 7. Algunos me los bajaba en el PC y conseguía instalarlos y verlos funcionar en el Mac. No me pregunten cómo.

Y descubrí así que había más Macs. Algo lejanos, quizás, pero existían. Descubrí que mi Mac CC se podía ampliar (algo imposible, me decían por aquí). Descubrí páginas enteras dedicadas a actualizarlo. Algunos en Japón incluso lo convertían en un G3 y le ponían lector de CD. Eso era demasiado. Y descubrí eBay, con una lista de piezas que ya quisieran en las tiendas Apple. Y me atreví. Y así pasé a ampliarle la memoria a 10! megas, luego le cambié toda la placa base por una de un Performa LC, que corría a 25 mhz y me permitía 36 mg de RAM. Así, pasito a pasito, con un soldador y unas instrucciones en japonés conseguí cambiarle la resolución de pantalla a unos honrosos 640×480 píxeles. Hasta le compré un modem de 28 Kb y me dí el gustazo de verlo navegar por Internet. Y le instalé el Mac Os 8.1. Y ahí acabó mi etapa del bricolaje.

Published in: on 6 agosto 2007 at 2:09 am  Dejar un comentario  

Mis cinco Macs (que en realidad son siete) – Introducción (1)

Pues sí, al fín lo reconozco, soy usuario de Mac, podría decir de Apple, pero no sé, me gusta más, quizás porque mi primer Apple fue un Mac…

Pero bueno, no quiero liarles más. Lo que sigue es la historia de mis Macs. Ahora ya no ocurre, pero hasta hace unos años hablar de Macs en España, en ciertas partes de España, era como tener un coche ruso, nadie sabía de ellos, sus tiendas estaban ocultas en oscuros rincones, cuando ibas a comprar un accesorio a otra tienda de ordenadores ibas como a las farmacias a comprar condones, en voz baja (…es que tengo un Mac… ¿Un qué…?).

En la vida diaria trabajaba con PCs, esas cajas enormes y ruidosas llenas de cables, y pantallas repletas de carpetas amarillas, donde su mayor prodigio gráfico era el Paint (con el que la gente hace maravillas, vean en Youtube, pero yo no pude pasar de la figurita del ahorcado y las señales de tráfico) y el Word, que no me gustaba, era feo y lioso, pero hubo que tragar ( …te paso el archivo en Word, ¿cómo … se hace esto en Word? ). No era fácil hablar de Mac (¿Dónde dices que está esa tienda? ¿Y cuánto dices que cuesta?…).

Así que no puedo hablarles gran cosa de los Macs en la educación. Otros/as hay que pueden hablar mejor. La buena gente de Proyecto Grimm, que lleva años trabajando con ellos, podrían decirle mucho más.

Esta es, pues, una historia muy personal, que quizás me deba más a mí mismo que a este blog. Pensé abrir un nuevo blog sobre Macs, y poner esta historia allí, pero, bueno, estamos en agosto, y esta historia también trata de un largo aprendizaje, así que … si están interesados, y tiene algo de tiempo, lean los siguientes post. Primero los fraccioné en cuatro partes, pero son muchas, al final lo he dejado en dos. No me gustan los post demasiado largos, pero esta historia lo era.

Desde 1993 uso un Mac.

Antes había tenido un ZX Spectrum, un Amstrad, y un clónico PC. De ellos casi no recuerdo nada. Pasé de los monitores de fósforo naranja a los negros con letras verdes, hasta llegar a los monitores en color. De las cintas de casette a los discos de 5 y cuarto, y de ellos a los disquetes hasta llegar a los zips y a los discos duros. Y del Basic al MS-Dos, y luego el Windows 3.1. y llegué al Mac OS 7.

Pero en 1993, en Granada, me compré este Mac: Un Mac Color Classic, de 16 mhz y 8 megas de ram, 40 mg de disco duro, disquetera y una pantalla de… 9 pulgadas que daba 512 x 384 pixeles, eso sí, en color, y con el sistema Mac Os 7.1. ¿Quién se hubiese resistido?

Comprar un Mac por entonces en España, y más en Granada, era una aventura. Apple España era Apple Madrid y a mí me quedaba tan lejos como Oklahoma. Al poco tiempo la tienda de Granada donde lo compré cambió de línea de negocio y se pasó a unos portátiles PC, cuyo nombre ahora no soy capaz de recordar. Años después algunas tiendas valientes abrieron por allí, y aún siguen como Astérix, resistiendo al invasor.

Cómo pude aguantar y alargar su vida hasta 2002 no es comprensible, y punto. Cierto que luego Apple sacó los horribles, para mí, performas y las torres beige. Y que su nuevo sistema operativo, el 8, no me aportaba grandes cosas.

Para mí, llegar a casa y encender el Mac era como cambiar de mundo. De los programas grises del PC, pasaba a las ventanas y carpetas de colores del Mac. De la pantalla grande a la minúscula, que aumentaba mi concentración, y seguramente, mi miopía. Con el PC apenas me atrevía, pero con el Mac e Hipercard me atrevía con algunas rutinas, personalizaba algunas imágenes, me lucía con tipografías poco conocidas. Y luego me buscaba la vida. Si le faltaba disco duro, montañas de disquetes. Luego llegaron los zips externos.

Y en eso llegó Internet. Yo ya había vuelto a Las Palmas. Un PC entró en la casa y la tarifa plana telefónica nocturna. Se convirtieron en los mejores aliados de mi mac-manía. Navegaba y buscaba cosas para Mac. Miraba los modelos, los viejos programas compatibles con OS 7. Algunos me los bajaba en el PC y conseguía instalarlos y verlos funcionar en el Mac. No me pregunten cómo.

Y descubrí así que había más Macs. Algo lejanos, quizás, pero existían. Descubrí que mi Mac CC se podía ampliar (algo imposible, me decían por aquí). Descubrí páginas enteras dedicadas a actualizarlo. Algunos en Japón incluso lo convertían en un G3 y le ponían lector de CD. Eso era demasiado. Y descubrí eBay, con una lista de piezas que ya quisieran en las tiendas Apple. Y me atreví. Y así pasé a ampliarle la memoria a 10! megas, luego le cambié toda la placa base por una de un Performa LC, que corría a 25 mhz y me permitía 36 mg de RAM. Así, pasito a pasito, con un soldador y unas instrucciones en japonés conseguí cambiarle la resolución de pantalla a unos honrosos 640×480 píxeles. Hasta le compré un modem de 28 Kb y me dí el gustazo de verlo navegar por Internet. Y le instalé el Mac Os 8.1. Y ahí acabó mi etapa del bricolaje.

Published in: on 6 agosto 2007 at 2:09 am  Comments (2)