Noche de difuntos y no el jalouiin de las … narices

Cuando yo era niño… allá en Jaén, por estas fechas celebrábamos la Noche de Difuntos.

Mis abuelos nos traían huesos de santo y buñuelos de viento, de nata y de crema. Cuando podían, nos contaban cuentos de “difuntos”, historias que nos abrían los ojos y nos hacían acurrucarnos unos junto a otros, mientras comíamos para espantar el miedo. Y así nos dormíamos, encogidos, soñando con el fantasma que se le apareció al sacristán de la catedral… o aquél extraño ruido que sonaba en un palacio por las noches…

Al día siguiente, ya Día de Todos los Santos, generalmente luminoso, íbamos al parque con mis padres y jugábamos todos como en una fiesta, porque era el santo de todos, …

Luego, ya con veinte años largos, me vine a esta isla de Gran Canaria y un amigo me invitó en una noche como ésta a San Mateo, a la fiesta de los finaos. Allí, con mis amigos canarios, al calor del fuego de una barbacoa, rodeados de castañas, almendras, dulces (y algo de licores) espantamos nuestros miedos riendo y hablando. Luego, es cierto, no se han vuelto a repetir mucho esos momentos.

Pero me parece que hace ya bastante tiempo que en estas fechas sólo se oye hablar de “Halloween”. Algunas veces yo usé este tema yanki como recurso para que mis alumnos dibujasen sobre el terror y la muerte, que tanto eludimos en nuestra educación formal (vean, si no, mis artículos sobre el tema). Y sé que mis compañer@s de inglés también lo hacen, aunque por otros motivos.

Pero ahora tengo dos hijos de 4 y 5 años. Y lo que percibo es una campaña comercial destinada a unificarnos y que consumamos, usando a los niños como pretexto. Los americanos, como imperio que son, se han convertido en expertos en eso. Tomaron una fiesta mexicana “el día de los muertos” que toma raíces aztecas e hispanas y las mezcla genialmente en una fiesta asombrosa, la banalizaron con disfraces, caramelos y terror barato, riéndose frívolamente de la muerte, y nos la venden bien, haciéndonos que nuestros comercios, y nosotros como profesores o padres, seamos sus principales propagandistas.

Pues no, yo hoy me niego, yo esta noche me sentaré con mis hijos e intentaré contarles un cuento de no demasiado miedo, pero que les recuerde algo más que spiderman y drácula, les daré frutos secos, almendras y pasas, les hablaré de sus abuelos, que no conocieron, y los acostaré con un fuerte abrazo.

Después, ya dormidos, pensaré en los que ya no están conmigo: mi padre, mis abuelos, mis tía, mi prima, las victimas que mueren cada día y que no conozco,… posiblemente, aun con mi falta de práctica, rezaré una oración por los que no están ya con nosotros, y pensaré en que estamos de paso, que yo algún día no estaré tampoco aquí…

Y mañana, con un día luminoso, espero, llevaré a mi familia al campo, y bajo los castaños que aún quedan, les enseñaré las púas del erizo que esconden una castaña, y cómo los romanos plantaron castaños allá donde iban, y a la tarde, alrededor de una sartén veremos saltar las castañas en el fuego…

(y mientras escribo esto… en la calle unos niños gritan “caramelos”… ¿batalla perdida?… no lo sé… ya son tantas…)

Saludos en la Noche de Difuntos. No pasen demasiado miedo.

Published in: on 31 octubre 2007 at 7:57 pm  Comments (1)  

Noche de difuntos y no el jalouiin de las … narices

Cuando yo era niño… allá en Jaén, por estas fechas celebrábamos la Noche de Difuntos.

Mis abuelos nos traían huesos de santo y buñuelos de viento, de nata y de crema. Cuando podían, nos contaban cuentos de “difuntos”, historias que nos abrían los ojos y nos hacían acurrucarnos unos junto a otros, mientras comíamos para espantar el miedo. Y así nos dormíamos, encogidos, soñando con el fantasma que se le apareció al sacristán de la catedral… o aquél extraño ruido que sonaba en un palacio por las noches…

Al día siguiente, ya Día de Todos los Santos, generalmente luminoso, íbamos al parque con mis padres y jugábamos todos como en una fiesta, porque era el santo de todos, …

Luego, ya con veinte años largos, me vine a esta isla de Gran Canaria y un amigo me invitó en una noche como ésta a San Mateo, a la fiesta de los finaos. Allí, con mis amigos canarios, al calor del fuego de una barbacoa, rodeados de castañas, almendras, dulces (y algo de licores) espantamos nuestros miedos riendo y hablando. Luego, es cierto, no se han vuelto a repetir mucho esos momentos.

Pero me parece que hace ya bastante tiempo que en estas fechas sólo se oye hablar de “Halloween”. Algunas veces yo usé este tema yanki como recurso para que mis alumnos dibujasen sobre el terror y la muerte, que tanto eludimos en nuestra educación formal (vean, si no, mis artículos sobre el tema). Y sé que mis compañer@s de inglés también lo hacen, aunque por otros motivos.

Pero ahora tengo dos hijos de 4 y 5 años. Y lo que percibo es una campaña comercial destinada a unificarnos y que consumamos, usando a los niños como pretexto. Los americanos, como imperio que son, se han convertido en expertos en eso. Tomaron una fiesta mexicana “el día de los muertos” que toma raíces aztecas e hispanas y las mezcla genialmente en una fiesta asombrosa, la banalizaron con disfraces, caramelos y terror barato, riéndose frívolamente de la muerte, y nos la venden bien, haciéndonos que nuestros comercios, y nosotros como profesores o padres, seamos sus principales propagandistas.

Pues no, yo hoy me niego, yo esta noche me sentaré con mis hijos e intentaré contarles un cuento de no demasiado miedo, pero que les recuerde algo más que spiderman y drácula, les daré frutos secos, almendras y pasas, les hablaré de sus abuelos, que no conocieron, y los acostaré con un fuerte abrazo.

Después, ya dormidos, pensaré en los que ya no están conmigo: mi padre, mis abuelos, mis tía, mi prima, las victimas que mueren cada día y que no conozco,… posiblemente, aun con mi falta de práctica, rezaré una oración por los que no están ya con nosotros, y pensaré en que estamos de paso, que yo algún día no estaré tampoco aquí…

Y mañana, con un día luminoso, espero, llevaré a mi familia al campo, y bajo los castaños que aún quedan, les enseñaré las púas del erizo que esconden una castaña, y cómo los romanos plantaron castaños allá donde iban, y a la tarde, alrededor de una sartén veremos saltar las castañas en el fuego…

(y mientras escribo esto… en la calle unos niños gritan “caramelos”… ¿batalla perdida?… no lo sé… ya son tantas…)

Saludos en la Noche de Difuntos. No pasen demasiado miedo.

Published in: on 31 octubre 2007 at 7:57 pm  Dejar un comentario  

>Coordinador TIC : la dulce venganza de los burrócratas

>

Yo estoy casi seguro que, cuando Guttenberg inventó la imprenta, algún avispado inquisidor encontró “dulces” usos de tal máquina para su trabajo… y utilizó toda una gama de prensas para torturar…

Siento ponerme tan dramático, pero algo así siento cuando, como coordinador TIC en un centro educativo, veo el uso que se viene haciendo de las redes, programas y recursos informáticos.
No es sólo que lo que en principio resulta una experiencia gratificante en casa se convierta en una tortura en el trabajo (reinicios, cuelgues, desconexiones, archivos que no se ven, programas que no funcionan, antivirus que constantemente nos preguntan…).

Es que además, desde las Consejerías nos demandan una serie de trabajos informáticos burocráticos (envío de archivos, relleno de formularios, peticiones de correo, normativa de última hora) la mayoría para mí completamente inútiles (hace tiempo que no trabajo en despacho, a lo mejor el número de horas, alumnos o recursos es super-importantísimo para ese trabajo de planificación que consiste en enviar, a un centro de 1500 alumnos de enseñanza a distancia, 16 ordenadores después de cuatro meses de anunciarlos, tardar dos días en instalarlos, y no garantizar que todo funcione). Y permítanme que no use emoticonos.

Y es que, como no tenemos nada mejor que hacer, nuestros queridos burrócratas (permítanme la fácil errata) pasan su tiempo buscándonos cosas que hacer. Se acabó el triplicado y las máquinas de escribir.

Ahora el directivo o coordinador, que ya saben, sestea en su sillón, para solicitar la ampliación de puntos de red, debe enviar un informe pormenorizado de los puntos existentes y los solicitados, los números de serie de los equipos y hasta un plano de dónde los quieren. (no se preocupen, si llegan a superar esta fase, cuando se pongan a ello habrán perdido los planos y ustedes habrán de rebuscarlos en su correo de hace un año. Eso si no formatearon los equipos y perdieron la información…

Yo antes le echaba la culpa a Microchof. Es una empresa grande, con un servicio teléfonico capaz de proporcionar 40 números de clave sucesivos sin pestañear, con permiso para rebuscar en nuestros archivos, revisar nuestras conexiones, y con un sistema (si se le puede llamar) que se instala sin nuestro permiso y lo suficientemente inseguro como para gastarnos 50 euros anuales para que un antivirus nos recuerde cada cierto tiempo que vivimos un tiempo peligroso y nuestros archivos pueden producirnos estornudos, o algo peor. Como ven, cariño no les tengo, pero no, no son ellos.

Hace tiempo leí el principio de Peter (no es la Ley de Murphy, bastante más famosa, aunque algo se le parece). Ese principio dice, más o menos, lo siguiente: “todo el mundo asciende en la escala corporativa hasta llegar a su máximo nivel de incompetencia. Y ahí se queda. Por años”.

Llevamos tiempo de funcionamiento de nuestras escalas corporativas en Educación (y en otras instancias corporativas), el suficiente para que ese principio se cumpla de sobra. Yo mismo creo que he llegado ya a mi más alto nivel de incompetencia.

Creo que es momento de pedirme un descenso de categoría. Saludos.
Published in: on 31 octubre 2007 at 11:38 am  Dejar un comentario  

Coordinador TIC : la dulce venganza de los burrócratas

Yo estoy casi seguro que, cuando Guttenberg inventó la imprenta, algún avispado inquisidor encontró “dulces” usos de tal máquina para su trabajo… y utilizó toda una gama de prensas para torturar…

Siento ponerme tan dramático, pero algo así siento cuando, como coordinador TIC en un centro educativo, veo el uso que se viene haciendo de las redes, programas y recursos informáticos.
No es sólo que lo que en principio resulta una experiencia gratificante en casa se convierta en una tortura en el trabajo (reinicios, cuelgues, desconexiones, archivos que no se ven, programas que no funcionan, antivirus que constantemente nos preguntan…).

Es que además, desde las Consejerías nos demandan una serie de trabajos informáticos burocráticos (envío de archivos, relleno de formularios, peticiones de correo, normativa de última hora) la mayoría para mí completamente inútiles (hace tiempo que no trabajo en despacho, a lo mejor el número de horas, alumnos o recursos es super-importantísimo para ese trabajo de planificación que consiste en enviar, a un centro de 1500 alumnos de enseñanza a distancia, 16 ordenadores después de cuatro meses de anunciarlos, tardar dos días en instalarlos, y no garantizar que todo funcione). Y permítanme que no use emoticonos.

Y es que, como no tenemos nada mejor que hacer, nuestros queridos burrócratas (permítanme la fácil errata) pasan su tiempo buscándonos cosas que hacer. Se acabó el triplicado y las máquinas de escribir.

Ahora el directivo o coordinador, que ya saben, sestea en su sillón, para solicitar la ampliación de puntos de red, debe enviar un informe pormenorizado de los puntos existentes y los solicitados, los números de serie de los equipos y hasta un plano de dónde los quieren. (no se preocupen, si llegan a superar esta fase, cuando se pongan a ello habrán perdido los planos y ustedes habrán de rebuscarlos en su correo de hace un año. Eso si no formatearon los equipos y perdieron la información…

Yo antes le echaba la culpa a Microchof. Es una empresa grande, con un servicio teléfonico capaz de proporcionar 40 números de clave sucesivos sin pestañear, con permiso para rebuscar en nuestros archivos, revisar nuestras conexiones, y con un sistema (si se le puede llamar) que se instala sin nuestro permiso y lo suficientemente inseguro como para gastarnos 50 euros anuales para que un antivirus nos recuerde cada cierto tiempo que vivimos un tiempo peligroso y nuestros archivos pueden producirnos estornudos, o algo peor. Como ven, cariño no les tengo, pero no, no son ellos.

Hace tiempo leí el principio de Peter (no es la Ley de Murphy, bastante más famosa, aunque algo se le parece). Ese principio dice, más o menos, lo siguiente: “todo el mundo asciende en la escala corporativa hasta llegar a su máximo nivel de incompetencia. Y ahí se queda. Por años”.

Llevamos tiempo de funcionamiento de nuestras escalas corporativas en Educación (y en otras instancias corporativas), el suficiente para que ese principio se cumpla de sobra. Yo mismo creo que he llegado ya a mi más alto nivel de incompetencia.

Creo que es momento de pedirme un descenso de categoría. Saludos.
Published in: on 31 octubre 2007 at 11:38 am  Dejar un comentario