País de… exámenes

Parece que últimamente estoy algo “circular” y si en mi último post me remitía a otro de hace un año, en éste he de remitirme a otro de febrero pasado, “País de sudores…”

Llevo dos semanas meditándolo, después de asistir a una reunión de profesorado de Dibujo para el examen de la PAU (Prueba de Acceso a la Universidad). Más de 50 profesores reunidos para concretar las circunstancias de un examen. De los contenidos del mismo y su actualidad hablaré en otra ocasión, ahora me parece pertinente reflexionar sobre los exámenes.

Desde que imparto clases a adultos, la importancia de exámenes, pruebas y controles ha aumentado para mí. Al acortar la presencia del alumnado en clase, la importancia de los exámenes como casi único elemento de evaluación es mayor aún. He intentado que mis alumnos adultos realizasen actividades prácticas, pero, al parecer, les resulta muy difícil llevar al día sus tareas. Así que sus dudas se resumen en saber qué o cuánto va a salir en el próximo examen.

Pero por lo que veo, esta experiencia examinatoria no sólo se mantiene en otros niveles, sino que tengo la percepción de que crece y crece con el tiempo. En lugar de buscar nuevos o distintos procedimientos de evaluación, desde Primaria y luego en Secundaria y Bachillerato se perpetua y extiende este modelo del examen. Y así vemos por los pasillos al profesorado cargado de infinidad de folios, a veces llamados eufemísticamente “controles”, “pruebas”, “cuestionarios”, “test”, pero que son lo que son, EXÁMENES.

El ejemplo más claro es el examen de la PAU, que condiciona toda la enseñanza del Bachillerato. Alguna vez se habló de eliminarlo (no se confíen, era para sustituirlo por otro examen, “la reválida”) pero ahí está firme, resistiendo curso tras curso, introduciendo sus decimales en el cada vez más complejo y difícil acceso a la Universidad y haciendo al alumnado del Bachillerato bailar a su ritmo.

Y no importa que parte de este alumnado “pase” del examen de PAU, las materias se distinguirán entre de PAU y no PAU, y las leccciones del curso se dividirán según entren o no en el famoso examen. El curso de segundo, el más complejo, terminará antes, ¿para qué? lo adivinaron, para el examen de PAU.

Así que tres veces al año te reunirás con tus compañerXs y no hablarás del nuevo currículum, y de la discutible actualidad o no del mismo, (un poco, quizás, pero no es lo pertinente) hablarás de si el examen de este año será igual, diferente o parecido al de otros años, porque el lunes cuando llegues a clase tu alumnado te preguntarán, no sobre ésta o aquella perspectiva, sino “¿Qué va a entrar en el examen, profe?”

Y ahora, expertos y políticos nacionales nos van a preparar para ese gran examen mundial que también llaman Informe Pisa. He leído por ahí que nos van a poner a todo el profesorado a ayudar en matemáticas y lengua, y supongo que en inglés, para que se nos note más listos en ese examen.

Así que yo voy practicando y de vez en cuando pruebo a entrar en clase, y decir:
“a ver, prepárense, examen de dictado y problemas:
¿Do you speak english, en un lugar de la Mancha dos y dos suman cuánto?”


Y es que a veces me imagino que en Atapuerca, aquella famosa sima de los huesos fue el primer local de examen. Ya me imagino a nuestros antecesores:
“Urgh, éste hueso está muy duro, no vale, pónle un cuatro”
“Pues a mí este de la tribu Zor me gusta bastante, yo le pongo un nueve”
Así que aquello imagino que no era un mero depósito, era el archivo de exámenes caníbales.

Innovadores que somos,… desde hace miles de años.

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Published in: on 30 abril 2008 at 12:49 pm  Dejar un comentario  

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