Crisis 2 (¿Por qué no escuchamos a los sabios?)

¿Por qué no escuchamos a los sabios?

No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo.
La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos.

La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche.
Es en la crisis donde nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias.
Quien supera la crisis se supera a sí mismo in quedar “superado”.
Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones.

La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia.

El problema de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia.

Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo.

En vez de esto, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora: la tragedia de no querer luchar por superarla.

Albert Einstein

Pulsen en la imagen para ampliarla.

Recibido, vía email, de Ana María, desde Venezuela.

Published in: on 28 mayo 2009 at 9:31 am  Comments (2)  

Crisis 2 (¿Por qué no escuchamos a los sabios?)

¿Por qué no escuchamos a los sabios?

No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo.
La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos.

La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche.
Es en la crisis donde nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias.
Quien supera la crisis se supera a sí mismo in quedar “superado”.
Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones.

La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia.

El problema de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia.

Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo.

En vez de esto, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora: la tragedia de no querer luchar por superarla.

Albert Einstein

Pulsen en la imagen para ampliarla.

Recibido, vía email, de Ana María, desde Venezuela.

Published in: on 28 mayo 2009 at 9:31 am  Comments (2)  

Mi primera lección de dibujo

A veces conviene volver a las raíces.
A veces conviene repetirse.
A veces conviene recordar.

Recordar cómo mi madre me enseñó a dibujar árboles. Era yo muy pequeño. Es una lección que nunca olvidaré: sentados los dos en un banco, una libreta, unos lápices.

– “Fíjate, Pedro, ¿ves ese árbol?”
– “Sí, mamá, es muy grande.”
– “Vamos a dibujarlo, Pedro. Pero no te fijes en el árbol. Fíjate en una sola hoja. Síguela con la mirada. ¿la ves?”
– “Sí, mamá.”
– “Dibújala. Y sigue con la que está a su lado. Una hoja cada vez…”

Seguí dibujando un buen rato, sin ver el árbol, sólo una hoja cada vez…
Cuando le mostré el dibujo a mi madre y me volví a mirarlo, tenía delante de mí el mejor dibujo de árbol que había hecho jamás, pero sobre todo, había aprendido una lección que aún no he olvidado: había viajado por unos minutos a un mundo de hojas, brisas, luces, formas y colores que nunca me ha abandonado.

Published in: on 28 mayo 2009 at 12:48 am  Comments (7)  

Mi primera lección de dibujo

A veces conviene volver a las raíces.
A veces conviene repetirse.
A veces conviene recordar.

Recordar cómo mi madre me enseñó a dibujar árboles. Era yo muy pequeño. Es una lección que nunca olvidaré: sentados los dos en un banco, una libreta, unos lápices.

– “Fíjate, Pedro, ¿ves ese árbol?”
– “Sí, mamá, es muy grande.”
– “Vamos a dibujarlo, Pedro. Pero no te fijes en el árbol. Fíjate en una sola hoja. Síguela con la mirada. ¿la ves?”
– “Sí, mamá.”
– “Dibújala. Y sigue con la que está a su lado. Una hoja cada vez…”

Seguí dibujando un buen rato, sin ver el árbol, sólo una hoja cada vez…
Cuando le mostré el dibujo a mi madre y me volví a mirarlo, tenía delante de mí el mejor dibujo de árbol que había hecho jamás, pero sobre todo, había aprendido una lección que aún no he olvidado: había viajado por unos minutos a un mundo de hojas, brisas, luces, formas y colores que nunca me ha abandonado.

Published in: on 28 mayo 2009 at 12:48 am  Comments (5)