Vergüenza y pena

Vergüenza. 
Vergüenza y pena siento al leer el post “Aclaración” de Joaquín Leguina, expresidente de la Comunidad de Madrid, exdiputado.
Vergüenza y pena, porque demuestra lo mal que él y otros/as como él hicieron lo que se ha llamado “Tra(ns)ición”. Y sí, la pongo entre paréntesis porque cada vez me parece más una traición pactada entre varios para poner fin a la memoria. A la memoria de todos y de todas.
Vergüenza y pena por esto que han dado en llamar Estado de (Der)echo. Permítanme también que lo ponga entre paréntesis, y que a ese “Estado de echo” le falte la “H”. Ya explicaré por qué. Alude el señor Leguina a las leyes en que se basa el enjuiciamiento del juez Garzón. Omite el señor Leguina quiénes elaboraron esas leyes y, por qué no, los fines de las mismas. Porque también en base a leyes se juzgaron en otras épocas y regímenes, y se establecieron condenas, y se causaron muertes. Todo fue “legal” incluso en la dictadura. Lo que no implica que fuera justo.
Vergüenza y pena porque ahora siento que la enfermedad de la memoria, que va atacando a quienes elaboraron esta Constitución que hoy se niegan a cambiar, es quizás más extensa y profunda que la de unas pocas personas, y parece que se extiende a la clase política y también a la judicial.
Vergüenza y pena porque su “aclaración”, señor Leguina, se instala en el rencor. En el rencor de una clase política que no aceptó que alguien entrase en su coto cerrado, que no aceptó que le dijesen que su manera de actuar no era correcta ni legal, el rencor de una clase política que dio la espalda, como lo han hecho otras veces, a las voces de la calle.
Vergüenza y pena porque en este país hubo una guerra horrible y murieron quienes no tenían que morir, es decir, todos y todas, de un lado y del otro, y se instaló el miedo y el terror, y nadie ha sido capaz de asumir ni la vergüenza, ni la justicia, ni el perdón necesarios para superarlos.
Vergüenza y pena porque no se arreglan las cosas igualando víctimas y verdugos, porque no se entierra dos veces a quienes ya fueron enterrados, porque no se hace desaparecer a quienes ya desaparecieron una vez, porque no se permiten las siglas de quienes llevaron a otras personas a la muerte, porque no se permite la apología de la tortura y de la muerte.
Vergüenza y pena porque no es Garzón a quien juzgan. Nos juzgan a todos quienes aún recordamos, a quienes sentimos por aquellas muertes vergüenza y pena, a quienes nos negamos que a este Estado le falten la “H” de la Historia, la “M” de la memoria, la “J” de la Justicia, la “P” del perdón, y la “R” de la reconciliación.
Vergüenza y pena porque, por más leyes que argumenten, por más testimonios que presenten, por más errores y delitos que enumeren, siento que no juzgan a Garzón. 
De alguna manera, triste y vergonzosa, nos juzgan a todos nosotros, se juzgan ellos mismos, se juzga así nuestra historia y nuestro estado de derecho. Nuestra justicia. Nuestra memoria.
Qué pena.
Y qué vergüenza.
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Published in: on 11 abril 2010 at 4:39 am  Comments (7)  

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7 comentarios

  1. Sin justicia no hay reconciliación. Sin memoria no hay futuro. Saludos desde Almería

  2. Esperemos que todo esto acabe como todos queremos y que no ganen un puñado de fachas.

  3. Agradezco más que otras veces los comentarios aquí, pues en torno a estos temas la ley del silencio suele ser la actitud más normal. Nos han acostumbrado a callar y a mirar hacia otro lado, al miedo y a la amenaza, y no es fácil hacerlo. Podrán estar de acuerdo o no, lo respeto, pero nunca deberíamos callar ante nuestra memoria. Gracias.

  4. Jacinto Pérez Herrera http://www.todoslosnombres.org/

  5. Gracias por tu valentía. Garzón, nos guste o no el personaje, es un jurista que ha sabido poner el dedo en la llaga para hacer avanzar este país desmemoriado. La clase política que hoy padecemos es el resultado de no replantear como ciudadanos esa práctica que bien denuncias: callar y mirar para otro lado. Pío Moa y sus amigos revanchistas están frotándose las manos.

  6. Esto nos obliga a mirar de frente nuestra "modélica" transición. Hay que derogar la ley de Amnistía como se derogaron leyes de Punto final en tantos otros países. La memoria histórica nunca puede ser el olvido.Y Garzón es una persona valiente y firme, consecuente y digna, aunque pretendan echarle mierda ajena y tergiversar los hechos.

  7. Chapeau! por el post. Oportuno y necesario. La imagen es tan entrañable como triste. Y terrible como la injusticia.


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