Loco de Avatar

(Este artículo fue publicado originalmente en el Bazar de los Locos, una iniciativa colaborativa en torno a Twitter que se explica ella misma en su web.)

(Aclaraciones previas: no he visto la película “Avatar“, y decidí escribir este post con dos limitaciones: escribirlo, editarlo y subirlo desde el móvil -algo casi imposible-, y no mencionar directamente ninguna persona o usuario de Twitter).

Pues sí: loco, y de “avatar“.
Porque yo, lo reconozco, cambio a menudo de “avatar“.
Avatar“, ya saben, es esa pequeña fotito que nos identifica en redes sociales, webs y blogs. Y claro, en Twitter.
Porque me han pedido algo de locos: escribir en este blog para un libro que tratará sobre algo breve, simultáneo y diverso. ¿han leído alguna vez sobre el canto de millones de pájaros? Pues eso es Twitter: un gorjeo humano multitudinario.
Pero claro, es que quienes me lo piden asumen mi condición de loco y me piden que acuda este bazar. Y de bazar, llego al azar. Aparecerá en este historia.
Permítanme decirles primero que lo de cambiar a menudo de avatar me viene de lejos: ya lo he hecho en mi blog y en muchas redes sociales: Internet en el Aula, Facebook,… Frente a quienes creen, y yo respeto, que el “avatar” ha de ser siempre el mismo, como en un DNI, o bien abstracto o genérico para salvaguardar su identidad, yo he considerado siempre que ese cuadradito puede transmitir más que docenas de líneas en mi perfil, y mostrarme irritado, feliz, misterioso o anodino. Mi archivo de avatares es numeroso y me gusta cambiar y probar a menudo.
Pero a mí lo que me piden aquí es que explique por qué. desde enero, me dedico a cambiar los avatares de los demás, por qué les subo los colores, les pongo unas gafas de color, un portátil y un fondo, en eso que me ha dado por llamar “potachovización”. Intenté explicarlo en mi blog, e incluso, gráficamente, en un póster en el Aulablog2010 de Avilés, pero se ve que, como típico profesor de Dibujo, esto de explicar no se me da muy bien, así que lo haré ahora como parte de mi relato en torno a Twitter.
Entré en Twitter como ya han dicho otros: por curiosidad y recomendación. Cuando llegué, otros ya estaban allí. Pero no éramos muchos, y reconozcámoslo, éramos bastante aburridos.
Enseguida me quedé con la imagen de que Twitter era un patio de vecinos, una especie de ventana indiscreta desde donde observar otras pequeñas ventanas, breves: una foto, o “avatar”, y una corta frase de texto de 140 caracteres. Y estaba claro que si tus vecinos eran aburridos, aquello resultaba demasiado anodino. Decidí ampliar mi patio: largos años de trasnoche buscando la mejor conexión y la horita menos canaria me predispusieron a buscar más allá a quien añadir,”seguir” en mi patio de Twitter.
Las recomendaciones en la web apuntaban al extranjero. Así que mi “timeline”, mi ventana de Twitter se llenó de frases en inglés, de arrobas y de enlaces: educadores, diseñadores, famosos de allá, “gurus” … Aunque el traductor de Google mejoraba, y las frases en inglés eran cortas, poco era capaz yo de escribir, echaba de menos mi lengua, y mi paso siguiente fue buscar: en Argentina, México, Chile y Estados Unidos había “personas” que tuiteaban en español.
Porque en seguida aprecié que fuesen “personas”: me respondían al citarlas o “retuitearlas”, enviaban amables DM, me preguntaban por qué cambiaba de avatar,… Además, había tomado la costumbre de seguir a quienes mis “seguidos/as” seguían, citaban o recomendaban, y así mi “timeline” se llenó de ventanas, cientos de ventanas, de avatares y textos en múltiples idiomas, toda una locura.
Una locura que, sin embargo, a mí me gusta contemplar y “hojear”, y que goza de una cierta magia: sugerir, estimular mi imaginación, crear sintonías o debates, informar, o simplemente distraer.
En Twitter sigo eventos lejanos y lo que de ellos cuentan, se pueden organizar aventuras: encuentros, viajes, o hasta traducir las charlas TED, opinar sobre diferentes temas, jugar con las palabras, hacer micropoesía, compartir lo que escribes en el blog, tu música favorita o el lugar en el que estás…Pero bueno, otras personas han explicado y explicarán esto mejor que yo.
Entretanto, en Espańa ya había más tuiteros y tuiteras que escribían, y a quienes “seguir”: educadores/as, artistas, “social media”: periodistas, “seos”, “community managers”, y hasta, sí, también había “gurus”.
Twitter no me dejaba “seguir” a más de dos mil usuarios, parece ser porque no me “seguía” la misma cantidad, aunque, para mí, sorprendentemente, eran muchísimos, y en esa cantidad, más o menos, me quedé. Y estaba claro que era imposible leer todo lo que estas personas escribían, y menos aún lo que sugerían o enlazaban, pero yo tampoco yo lo pretendía: abría mi ventana, y de un vistazo rápido veía de qué iba el patio, algunas ventanas captaban mi atención, y ahí me dirigía. Otras habían lanzado mensajes a mi ventana y los leía y si podía o sabía les respondía. Alguna vez me atrevía a entrar en algún debate, pero Twitter no es bueno para esto: enseguida se poblaba de malentendidos, gritos y frases perdidas. Y claro, mucho azar.
El azar me llevó a aquella frase: “… hazme una caricatura con gafas de culo de vaso y un Toshiba en la mano, para que algunos vean el producto final de la escuela 2.0″. La frase, que ni siquiera iba para mí, la leí al pasar y me hizo gracia: “¿y por qué no?”, pensé, yo solía cambiar de avatar a menudo, ¿por qué no hacerlo a otra persona?
Creo recordar que pedí en Twitter una foto de esos portátiles, y que me puse a dibujar unas gafas en el mismo color y jugué con ese avatar, y lo compartí en Twitter. Hizo gracia el resultado, se comentó y retuiteó entre sonrisas e ironías virtuales.
Aquel “éxito” me animó a intentarlo con quienes lo comentaban o me pedían algo igual, y a llamarlo “potachovización”, en homenaje a quien se lo pidieron inicialmente, pero creo que eso ya lo expliqué en mi blog.
Mi intención de hacer visibles aquellas personas que seguía en Twitter o en la web y muchas horas de cambiar este y aquel avatar hizo crecer el número de “potachovizad@s”, y me resultaba agradable ver como decidían usarlo y se les veía – aún se ven- en Twitter, creando de ese modo una red informal que acercaba personas, manteniendo, más o menos, su personalidad y aspecto individual.
Cada potachovización, pedida o no, la tuiteaba yo, y la subía a un álbum de Flickr. Allí había personas de variados continentes y profesiones, y cuando llegué a 500, decidí hacer dos álbumes: “Potachovizad@s”, que hoy tiene 435 avatares, y “Potachovized”, con 71, en total son 506 hasta hoy.
Hay quienes no entendieron, o no les gustó, verse así, hubo quien me bloqueó (y yo retiré su avatar), otras personas no pude o no supe “potachovizarlas”, otras agradecieron, pero decidieron no usarlo, y otras muchas aparecen de vez en cuando, subidas de color, con gafas extrañas, como para decir que no temen más miopía que la que viene de la falta de visión de futuro y estrechez de miras que suelen tener allá arriba, en ciertas jerarquías.
Yo sigo intentando explicarlo y explicármelo, aunque hay quien lo hace mejor que yo escribiendo que quizás todo esto no sean más que “gestos de amor potachovizados”, o creando una “red para potachovizados y allegados”.
Yo sólo puedo agradecer que hayan llegado hasta aquí leyendo este relato y seguir pensando que puedo hacer desde mi ventana de 140 caracteres.
Quizás, “tuitear” esto:
“Loco de avatar”, mi contribución a #bazarlocos (y aquí, un enlace)







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Published in: on 12 septiembre 2010 at 10:57 pm  Comments (1)  

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One Comment

  1. Por favor, os agradeceré que comentéis en mi post original de #bazarlocos de ese modo quedarán todos los comentarios juntos. (Y de paso podéis leer alguna de las geniales aportaciones que allí se ven).Si no podéis, os solicito que me dejéis que yo mismo traslade vuestros comentarios allí. Gracias.


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