Derrota – Cambio de rumbo

(Es este un post apresurado escrito hoy porque quizás en próximos días no me sea posible).

Derrota (de derromper). 1. f. Camino, vereda o senda de tierra. 3. Mar. Rumbo o dirección que llevan en su navegación las embarcaciones.

Habiendo nacido en Jaén poco habría de saber yo de navíos y de embarcaciones, y sin embargo, me cuentan, antes de nacer ya viajó mi madre conmigo en uno de aquellos ferrys que hacían la ruta Cádiz -Las Palmas, ruta que repetí en barco varias veces en mi vida hasta que terminé por vivir aquí, en Las Palmas de Gran Canaria.
Luego, mis lecturas de Salgari, Jack London y Pérez Galdós me hablaron de viajes por mar y ese lenguaje marino que nunca he llegado a entender del todo, pero que habla de aventuras, de rumbos, de incertidumbres.
Derrota. Rumbo. Estos días cambio de rumbo. Tras siete años en el CEAD, Centro de Enseñanza de Adultos a Distancia, parece ser, aún no es seguro, pero sí muy posible, que el curso que viene no esté en él. En su momento entré por una entrevista donde se valoraron mis aptitudes y conocimientos informáticos. Eran tiempos de Moodle y plataformas online. Ahora, si me voy, que parece que sí, lo haré porque, pese a mis 22 años y 11 meses, no tengo antigüedad suficiente para quedarme. Son otros tiempos aquí.
Durante siete años, lo reconozco, he sido un privilegiado. Disponer de más tiempo, de menos alumnos, de alumnos adultos, de menos burocracia, me ha permitido buscar, escribir, probar aquello que seguramente no habría podido en otras circunstancias. En su momento pensé que el modelo aquí sería la enseñanza online, las plataformas, los contenidos personalizados. Y visité aquellos sitios que me hablaban de ello. Cataluña, Madrid, Andalucía… asumí responsabilidades para las que quizás no estaba preparado, me peleé con Moodle, Mambo, los blogs y otras herramientas, me apunté a cursos, unos buenos, otros menos buenos, conocí gente, intenté crear comunidades, me apunté a proyectos…
Pero he sido derrotado. Quizás antes de hoy, quizás hace unos años. Cuando me di cuenta que no soy capaz de cambiar las cosas, que nadie me sigue ni quizás me entienda, que los tiempos, parece, no van por ahí, sino por mantener la enseñanza de adultos como había sido siempre. Y lo cierto es que viendo mis resultados este curso no puedo estar contento. De alguna manera, noto estos últimos cursos en mí una vuelta al aprecio al dibujo tradicional y un cierto rechazo a las nuevas tecnologías, lo que quizás sea la señal de que quizás un cambio de rumbo sea lo mejor que pueda pasarme. Y quizás, sí, ironía, así pueda esperar a que los años me den la antigüedad hoy necesaria aquí para impartir la enseñanza a adultos.
Este blog “Discentia” ha estado desde el principio muy ligado al CEAD y a mi experiencia en la enseñanza de adultos. Lo comencé como una aventura de aprendizaje y en él he puesto muchas de mis reflexiones sobre la educación y sobre lo que me rodea, así que será uno de los primeros afectados por este cambio de rumbo. Hace unos días amenazaba con dejarlo, y miren por dónde, antes parece que me han dejado a mí sus circunstancias. Ya veremos hacia donde sigo.
Del CEAD, como centro, como espacio, como personas, quizás escriba más adelante. Mucho he aprendido, apreciado y crecido en otros ámbitos estos años, pero de momento, como los marinos, preparo mi nave para un nuevo rumbo, tirando por la borda todo peso innecesario, haciendo acopio de recursos, de ideas, de objetivos y de cartas de navegación.
Derrota. Cambio de rumbo.
Published in: on 26 junio 2012 at 8:45 am  Comments (9)  

Evasión o Derrota

Los dos grandes “evadidos” de la transición fueron “El Lute” y “El Dioni”. El primero se hizo abogado, y el segundo ha trabajado de tertuliano en la tele. Curiosamente, como nuestro presidente y su ministro de Educación.
En estos días de fútbol y Eurocopas he recordado la película “Evasión o Victoria”.
En ella, un grupo de presos de un campo de concentración organizan un partido de fútbol contra los alemanes, como medio para fugarse del campo. Y al final han de decidir entre fugarse, o quedarse y ganar el partido.
Algo así me parece estar viendo estos días, donde el futuro que nos ofrecen es la evasión: evasión en forma de fútbol televisado y victoria deportiva, o evasión en forma de emigración y derrota hacia otros lugares donde encontrar aquello que aquí no tenemos: trabajo.
Sé que está mal mezclar fútbol y política, o fútbol y economía, o fútbol y educación. Hay quien me dice que es deporte y que son independientes. Yo no lo creo, porque no soy yo quien los ha mezclado, pues aquí hace años que la política fiscal, económica y hasta educativa de los clubs de fútbol y de los futbolistas sigue rumbos diferentes a las del resto de trabajadores y empresas, entre la tolerancia y evasión general. 
Unos datos: Alemania ganó su último mundial de fútbol en 1990, en plena unificación, y su última Eurocopa en 1996. Nosotros las hemos ganado en plena crisis económica y de empleo. Aquí los clubs deben 752 millones de euros, en Alemania… no.
Y puede que ganemos esta. Pues qué bien. La celebraré con mi familia como un triunfo deportivo y de superación.
En todos estos meses de hablar de millones de euros, de porcentajes, de índices, de créditos, no he oído nada de políticas de empleo, de iniciativas que lo generen, de futuro industrial o laboral. Nuestra ministra de trabajo, que dicen que nunca ha trabajado en una empresa, me dicen que se ha ido al Rocío, y el Papa, que el año pasado estuvo por aquí nos dice que la solución es… rezar.
También nos dicen que el crédito generará crédito y eso trabajo. Pero por lo que yo sé, el crédito generará intereses que habrá que pagar… con otro crédito, y así… Hace 20 años Alemania absorbió a otra Alemania pobre. Decidió que podría ser buen negocio pagar a otros países para que cerrasen sus minas y fábricas, eliminasen las aduanas y se hiciesen clientes suyos, y comprasen coches, trenes y electrodomésticos alemanes. Aquí recibimos su dinero por prejubilar, cerrar y hacer vías de tren y autovías. Además les vendimos nuestras empresas eléctricas, de aguas, de transportes y de comunicaciones, que generaban ingresos al Estado. Era “Europa” e iba a haber “competencia”, bajada de precios y hasta subida de sueldos… para unos pocos. Quienes eso hicieron pensaron en su presente, no en el futuro de sus hijos. ¿De qué vivirían una vez se acabasen esas obras, con esas fábricas cerradas? ¿del Turismo? ¿todos viviríamos del turismo “todo incluido”?
Esta no es Europa. Es una falsa Europa desunida que lleva 20 años de desgobierno, de desparlamentos, de burócratas sordos, de políticas nacionales, de rivalidades provincianas, de subsidios, de políticos prejubilados de lujo y de burocracias infinitas. ¿Y quieren de verdad que generemos confianza así?
Evasión.
Esa es la palabra: evasión mental, política, fiscal, laboral, económica.
Fuga de ideas, de dinero, de trabajo, de educación…
Y crédito. Un país que vive a crédito. De puro descrédito.

Published in: on 19 junio 2012 at 12:01 pm  Comments (2)