Creer … o crear

Todo lo que tu “opinas” sobre educación artística son creencias 🙂
Con esta frase y esta sonrisa terminaba Jordi Adell una conversación conmigo en la que impliqué también a Manuel Iriarte y a Pitu Martinez, y que comenzó, creo, con mi comentario al post de Miguel Ángel Santos Guerra, “La fagocitosis del innovador”:
“Yo,cuando me jubile (de “A”,naturalmente,si me dejan jubilarme),escribiré post optimistas como este: http://j.mp/q8X8md
Tengo suerte. Suelen responderme a mis discutibles opiniones personas respetables con mayor prestigio y preparación. No puedo citarlas a todas, pero se me ocurren ahora, el mismo Adell, Piscitelli, Aníbal de la Torre, Rosa María Torres, Esperanza Román, Dolors Reig, Araceli Pérez… y muchos y muchas más.
Aunque es fácil que termine por desesperarles y acaben diciéndome, como Jordi: “Vale. Tu cerebro es diferente al del resto del mundo.” 
Puede ser. Lo cierto es que, tras toda una conversación sobre creer, sobre ideas y creencias terminé yo también ironizando con un “¡Cuánto daño ha hecho la educación religiosa, Dios mío!!”
Creer. Creencias.
Me aportaba Jordi la definición de la RAE, que copio aquí:
Creencia. (De creer). 1. f. Firme asentimiento y conformidad con algo. 2. f. Completo crédito que se presta a un hecho o noticia como seguros o ciertos. 3. f. Religión, doctrina. 4. f. ant. Mensaje o embajada. 5. f. ant. salva (‖ prueba que se hacía de la comida y bebida).
Firme asentimiento y conformidad… completo crédito… religión, doctrina…
No consigo ver todo eso, las creencias, asociado a la educación, aunque según parece, es un tema en el que se ha trabajado mucho. Tampoco “creo” que lo que yo “opino” sobre la educación artística u otros conceptos sean “creencias”.
Pero también es posible que mi lenguaje esté configurado según la educación religiosa que recibí en mi infancia, y la palabra “creer” la vea y entienda yo en ese contexto.
Son tiempos de milenarismo, de crisis. 
Ayer vi la intervención de Bill Drayton en Educared sobre “empatía”y qué quieren que les diga, me pareció escuchar a un misionero laico exponiendo su misión: pequeños cambios, creencias, fe, caridad, conformidad, defensa de lo existente, de la historia… Cosas mías.
Lo cierto es que vivo en un estado de incredulidad: en la política, en la economía, en los medios, en la religión, también en la educación. Y parece que no debe ser bueno ni moderno ni aconsejable en estos tiempos. 
Mejor en estos tiempos alojarse en los brazos amorosos de una creencia que me tranquilice y me deje creer en lo que escucho, que me de “esperanzas” en el “cambio”, una “sharía, una fe, seguir a alguien en quien creer y luego dedicarme a “convertir”, “convencer”, “evangelizar”, “vender” educación…


Pues NO: frente a creer, CREAR.

Abandono la idea de escribir otra serie sobre “criticando a los que creen”. Otros han escrito mejor que yo sobre el tema, y en todo caso yo respeto toda creencia, educativa o no, lo que no significa que no aprecie el daño que han hecho y harán las creencias, el firme asentimiento y conformidad, el completo crédito, la religión y la doctrina, religiosa o pedagógica, las sectas, los grupitos, los/as “expertos”, las leyes”crediticias”o de fe, las consignas y contra-consignas, a la educación y que no esté dispuesto a manifestarlo a quien me quiera escuchar, y a llevar las creencias a donde deben estar, a las casas, a las iglesias y a otras instituciones que las asuman, pero no a la educación.
Frente a creer, crear.
Y crear implica para mí actuar, no teorizar. Experimentar, no copiar. Analizar, no asentir. Crear ideas nuevas, discutir antiguas y aplicar las mejores, no repetir mantras ni adaptar decálogos.
Y crear implica espíritu crítico, inconformismo, análisis, disciplina, pero también visión, escucha, colaboración, acción.
Crisis. Crítico. 
De esta crisis se saldrá con imaginación. Curiosamente, con la misma que se está expulsando de los currículos, de las escuelas, de los medios, de la economía y claro, de la política, y no con la fe.
Creer trae gurus, líderes, asentimiento, decálogos, discusiones, enfrentamientos, batallas, blanco o negro.
Crear trae genios, equipos, disensión, imágenes, debates, colaboración, encuentros, y colores, muchos colores.
Y no me resisto, aun cuando mi cerebro sea bastante diferente, a traer aquí otras palabras ajenas, que no hay que creer, sólo leer, pensar… y crear:
“La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia.
“Es en la crisis donde nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias.”
“En tiempos de crisis la imaginación es más efectiva que el intelecto”.
“La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche.”
“No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo.”
Albert Einstein


(Post inspirado por Jordi Adell, agradeciéndole su paciencia, aunque discrepe 😉

Published in: on 26 octubre 2011 at 5:34 am  Comments (5)  

Francesco Tonucci, mi alegría de hoy

Internet nos da sorpresas…

Hoy recibí un correo electrónico desde Roma.
Preparando el CIO como estaba ayer, se me ocurrió escribir invitándole y pidiendo permiso para sus dibujos, y amablemente, Francesco Tonucci me ha contestado:

“…

Per quanto riguarda i miei disegni puo’ usarli liberamente per le sue attivita’. Per quanto riguarda il VI-CIO lo apriro’ e lo guardero’ ma le confesso che non ho molta pratica con il blogs. Ma non e’ detto…
…”

No lo conozco personalmente, y espero hacerlo algún día, pero después de ver sus dibujos durante años en “Cuadernos de Pedagogía” (basta que vean el de arriba, “el pupitre, 40 años después”) y leer sus entrevistas, lo siento muy cercano. Así que, contando con su permiso verán por aquí algunos dibujos de Tonucci, firmados como Frato.

Desde el año 1991 anda empeñado en una dura, y supongo que también agradecida labor,
“La Ciudad de los Niños”, un proyecto para devolver la ciudad a los niños y niñas, porque si las aulas han cambiado poco, las ciudades se han cerrado para los niños. Se acabó el juego en la calle, la independencia infantil, el contacto con la naturaleza en la ciudad. Las ciudades han perdido a los niños, y los niños la ciudad. Pero lo cuenta mejor que yo Dicky del Hoyo, en su blog, otro descubrimiento para mí en estos días.

Pero aunque Dicky lo pone en su blog, no puedo dejar de poner aquí la voz del maestro:


Francesco Tonucci, mi alegría de hoy

Internet nos da sorpresas…

Hoy recibí un correo electrónico desde Roma.
Preparando el CIO como estaba ayer, se me ocurrió escribir invitándole y pidiendo permiso para sus dibujos, y amablemente, Francesco Tonucci me ha contestado:

“…

Per quanto riguarda i miei disegni puo’ usarli liberamente per le sue attivita’. Per quanto riguarda il VI-CIO lo apriro’ e lo guardero’ ma le confesso che non ho molta pratica con il blogs. Ma non e’ detto…
…”

No lo conozco personalmente, y espero hacerlo algún día, pero después de ver sus dibujos durante años en “Cuadernos de Pedagogía” (basta que vean el de arriba, “el pupitre, 40 años después”) y leer sus entrevistas, lo siento muy cercano. Así que, contando con su permiso verán por aquí algunos dibujos de Tonucci, firmados como Frato.

Desde el año 1991 anda empeñado en una dura, y supongo que también agradecida labor,
“La Ciudad de los Niños”, un proyecto para devolver la ciudad a los niños y niñas, porque si las aulas han cambiado poco, las ciudades se han cerrado para los niños. Se acabó el juego en la calle, la independencia infantil, el contacto con la naturaleza en la ciudad. Las ciudades han perdido a los niños, y los niños la ciudad. Pero lo cuenta mejor que yo Dicky del Hoyo, en su blog, otro descubrimiento para mí en estos días.

Pero aunque Dicky lo pone en su blog, no puedo dejar de poner aquí la voz del maestro:


15 segundos

15 segundos es lo que tarda en cambiar de verde a rojo para los peatones los semáforos que habitualmente cruzo para llevar a mis hijos al colegio, para ir a mi trabajo, o para cruzar una calle que merezca un semáforo.
15 segundos para saltar un bordillo, cruzar unos quince metros y llegar sanos y salvos al otro lado. Y si no lo conseguimos, deberemos esperar unos 80 segundos hasta el próximo intento.
15 segundos de espera para una interminable fila de impacientes automovilistas, generalmente solitarios, a veces padres como yo, pero motorizados, atentos al cambio de luces del semáforo, generalmente irritados o apresurados.
Si yo fuese un velocista, seguramente sería capaz de cruzar esa distancia 10 veces, pero no le pidan eso a un cuarentón, yendo de la mano con dos niños de 4 y 6 años, no le pidan eso a una señora con un bebé en su carrito, a una persona en silla de ruedas o a una anciana.
Hace muchos años leí “La Carta de Atenas” de Le Corbusier. Aún tengo ese libro, con sus hojas despegadas y amarillas. 
Si sus 95 propuestas hubiesen sido leyes, posiblemente nuestras ciudades serían muy diferentes, y las cárceles tendrían un nuevo tipo de inquilinos: los que convierten nuestras ciudades en lo que son.
En su punto 62 Le Corbusier escribe: “el peatón debe poder seguir caminos distintos a los del automóvil.” 
En muchas ciudades existen calles denominadas “paseos”. Si entendemos por paseo “ir andando por distracción o por higiene”, difícilmente esas calles sirven hoy para eso. Andamos por ellas, pero atentos, e incluso preocupados, por los coches que pasan, respirando sus humos y escuchando sus ruidos.
Cada equis tiempo, por elecciones o en días especiales, algunos políticos/as cierran calles principales, permiten el despreocupado paseo de personas o de bicicletas. Algunos he visto sentarse en una silla de ruedas y circular alegremente… por el asfalto. Se sacan una foto, y hasta la próxima.
Si todos ellos/as debiesen atravesar la ciudad de punta a punta, caminando, empujando un carrito, cruzando cada calle en quince segundos cuando hay semáforo, y como se pueda cuando no lo haya, sorteando farolas, escalones, papeleras o simplemente basura, quizás nuestras ciudades fuesen muy distintas, quizás entonces mis hijos, para recorrer los 500 metros que nos separan de su escuela, no me preguntarían cada mañana:  ¿papá, vamos en coche?”
Published in: on 9 enero 2008 at 12:22 am  Comments (2)