15 segundos

15 segundos es lo que tarda en cambiar de verde a rojo para los peatones los semáforos que habitualmente cruzo para llevar a mis hijos al colegio, para ir a mi trabajo, o para cruzar una calle que merezca un semáforo.
15 segundos para saltar un bordillo, cruzar unos quince metros y llegar sanos y salvos al otro lado. Y si no lo conseguimos, deberemos esperar unos 80 segundos hasta el próximo intento.
15 segundos de espera para una interminable fila de impacientes automovilistas, generalmente solitarios, a veces padres como yo, pero motorizados, atentos al cambio de luces del semáforo, generalmente irritados o apresurados.
Si yo fuese un velocista, seguramente sería capaz de cruzar esa distancia 10 veces, pero no le pidan eso a un cuarentón, yendo de la mano con dos niños de 4 y 6 años, no le pidan eso a una señora con un bebé en su carrito, a una persona en silla de ruedas o a una anciana.
Hace muchos años leí “La Carta de Atenas” de Le Corbusier. Aún tengo ese libro, con sus hojas despegadas y amarillas. 
Si sus 95 propuestas hubiesen sido leyes, posiblemente nuestras ciudades serían muy diferentes, y las cárceles tendrían un nuevo tipo de inquilinos: los que convierten nuestras ciudades en lo que son.
En su punto 62 Le Corbusier escribe: “el peatón debe poder seguir caminos distintos a los del automóvil.” 
En muchas ciudades existen calles denominadas “paseos”. Si entendemos por paseo “ir andando por distracción o por higiene”, difícilmente esas calles sirven hoy para eso. Andamos por ellas, pero atentos, e incluso preocupados, por los coches que pasan, respirando sus humos y escuchando sus ruidos.
Cada equis tiempo, por elecciones o en días especiales, algunos políticos/as cierran calles principales, permiten el despreocupado paseo de personas o de bicicletas. Algunos he visto sentarse en una silla de ruedas y circular alegremente… por el asfalto. Se sacan una foto, y hasta la próxima.
Si todos ellos/as debiesen atravesar la ciudad de punta a punta, caminando, empujando un carrito, cruzando cada calle en quince segundos cuando hay semáforo, y como se pueda cuando no lo haya, sorteando farolas, escalones, papeleras o simplemente basura, quizás nuestras ciudades fuesen muy distintas, quizás entonces mis hijos, para recorrer los 500 metros que nos separan de su escuela, no me preguntarían cada mañana:  ¿papá, vamos en coche?”
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Published in: on 9 enero 2008 at 12:22 am  Comments (2)