Educación y economía

La comparación entre farmacéuticas, petroleras y las empresas que hacen diagnósticos educativos (llámense pruebas PISA, estándares o las próximas reválidas) en este artículo me parece pertinente.

Sin entrar en teorías conspiratorias, pienso que a ellas les interesa una educación enferma para recetar más pruebas o asignaturas “fundamentales”.

Nunca he sido de materias, quizás porque esto del dibujo un día lo ponen en ciencias, otras en letras, creo más en los ámbitos o en materias más amplias: la comunicación, la ciencia, el arte…

Pero, si esa “economía” que preconiza la OCDE consiste en privar a la educación del Arte, la Música, la Filosofía o el Deporte mal vamos. Crearemos educandos aún más imperfectos, manipulables, insensible e insanos.

Así que, cuando me encuentro – como en los cursos INTEF – que se valora más al “profesorado de materias incluidas en Pruebas Internacionales”… me echo no sé si a reír, o a temblar.

Pero mejor les dejo el artículo y el vídeo y valoran ustedes mismos esta “Economía educativa” o “Educación económica”:

Sir Ken Robinson – The Education Economy

//player.vimeo.com/video/106216537

Published in: on 21 septiembre 2014 at 4:37 pm  Dejar un comentario  

Autoexculpación… y queja (o viceversa)

En este país de la atoexculpación universal, desde el rey hasta el último bebé en nacer, donde nadie es culpable no sólo hasta que no se demuestre lo contrario, sino bastante después, y algunos de por vida, leía hace unos días este titular:
Las prisas de la lectura me hicieron quedarme en “autoexculparse”. Ese “de todo” suaviza aún más la entrada, pues pocos profesores conozco que se quejen “de todo”. Por eso recomiendo la lectura tranquila de esta entrevista, que da para mucho.
El autor de la frase en Juanjo Muñoz, profesor, director del IEDA, filósofo, artista, a quien conozco, respeto y bien podríamos llamarnos amigos si no fuera porque casi siempre que nos hemos visto estábamos… trabajando. 🙂 y ya se sabe que la amistad requiere de tiempo y de cultivo. Aún así, es persona que considero cercana, con amigos comunes, a quien leo cuando puedo y con quien he intercambiado – e intercambiaré- opiniones sobre esto de la Educación.
Dicho lo anterior comprenderán que replicar a este frase me resulte a la vez difícil e imprescindible, así que, en lugar de recurrir a argumentos, gramáticas y tecnicismos, que no son lo mío, recurriré a algo tan difícil de medir como lo que sentí o imaginé al leer aquella frase:
Cuando la leí sentí que, yo, como profesor, tenía razones, quejas… y culpas.
Y me vi, no me pregunten por qué, como un esclavo en una plantación, educativa por supuesto: podía quejarme, podía cantar un blues, pero no podía renunciar a la culpa por lo que me pasaba. Y ya saben lo que pasa con los esclavos: me rebelé ante esa imagen.

¿Qué exagerado, no? yo, un esclavo… si yo lo dejo cuando quiera, si me puedo ir a cualquier centro educativo, si el horario, si las vacaciones, si el sueldo,… si hay quien está peor…

Y quien está mejor. Madurando este post ví un video sobre la vida de los eurodiputados, donde el entrevistado se autoexculpaba por sus privilegios diciendo “no, si yo votaría en contra de todo esto ( coche oficial, dietas, dos días de trabajo semanales, cargos de confianza a sueldo…) si el resto de los europarlamentarios hiciesen lo mismo”.

Luego, escucho al exministro Miguel Sebastián autoexculparse por usar coche oficial “Es por la escolta…”

Y podría seguir con otras exculpaciones, fiscales, inmobiliarias, legales, políticas, y hasta religiosas, porque, como ya decía al comienzo , aquí todo el mundo se autoexculpa, 
Y entonces, ¿por qué los docentes no podemos hacerlo?
Analicemos:
1. “El profesor”. El “profesor” es en su mayoría “profesora”, y es tan distinto uno a otro como tipos y tamaños de hojas crecen en los árboles: hay jóvenes, viejos, altos, bajos, pacientes, impacientes, cansados, incansables, callados, incallables, públicos, privados, concertados y hasta elegidos por el obispado. No sé el profesorado seleccionado para el IEDA como será ahora, pero por los que he conocido, tampoco les veo la igualdad por ninguna parte.
2. “Tiene razones”. Pues sí, razones nos sobran en la enseñanza, propias y ajenas, para esto y para aquello, y hasta para lo contrario de lo que se hizo ayer o mañana, basta con ponerlas en una ley, en un reglamento o en una circular, y ya tenemos la razón para esto o aquello. Como se decía en algún sitio, “nos sobran las razones”, aunque algunas de ellas sean sinrazones.
3. “Quejarse”. Expresar dolor o pena. A los docentes nos duelen muchas cosas: la desigualdad, la injusticia, la arbitrariedad, el cambio sin sentido, el abuso, el abandono, el deterioro constante de nuestras condiciones de trabajo, y de respeto, el cansancio. Centros distintos, centros privilegiados, distintas asignaturas, distinto alumnado, distintos medios, de primera, de segunda y de tercera. ¿Podemos elegir? eso nos dicen, pero con las cartas marcadas, con los concursos limitados, con los presupuestos a discreción, con los cargos según par qué. Y nos quejamos. A veces en casa, a veces en voz baja, a veces en los pasillos, a veces en un blog.
4. “Autoexculparse”. La culpa, la maldita culpa. En este país se habla mucho de culpa y muy poco de responsabilidad. La culpa es palabra que se aplica a los delitos y a los pecados, la responsabilidad al trabajo, pero en esta Educación todo se llena de culpas, de penas, de “partes de faltas” y nada de responsabilidad. Al estudiante se le enseña a autoexcusarse desde infantil, al docente desde el primer día. Porque claro, en este país no hay responsables de nada, ni de edificios mal hechos, ni de mobiliario insuficiente, de mala luz y ventilación, de horarios incomprensibles, de leyes cambiantes y absurdas, de personal mal preparado, de diferencias sangrantes, de directivas ineficaces…
Y es que al parecer los docentes debemos ser unos trabajadores especiales, vocacionales, elegidos, que no pueden autoexculparse de todas las locuras que nos hacen vivir cada ley, cada circular, cada disposición, cada invento nuevo pedagógico o no, cada prebenda concedida a unos pocos, cada desigualdad educativa tolerada o permitida, cada condición de trabajo excedida de los límites razonables, no podemos autoexculparnos, no.
Pues bien, yo, asumiendo mi responsabilidad de lo que puedo manejar, ese horario de 20 horas lectivas con veintitantos alumnos en aulas de 50 metros cuadrados con currículos del siglo diecinueve sometidos a reglamentos de regimen interno, exámenes y reválidas, intentando enseñar algo a un alumno que no sabe qué hará en este país y que me pide el lápiz o el papel, cuando lo pide, si le propongo hacer algo en clase…
Yo me autoexculpo.
Y me quejo.
Y que la historia me juzgue.

Que nos juzgue a todos por esta educación que estamos creando, día a día, ley a ley, papel a papel, estupidez a estupidez.

Published in: on 29 octubre 2013 at 4:42 pm  Comments (1)  

¿Merece la pena escribir sobre la huelga?

Interpretación mía del logo “Educación pública sí, recortes no”. Las tijeras antiguas apuntan al ojo de Buñuel, de su película “el perro andaluz”.

En otras ocasiones en este blog he escrito y contado sobre distintas huelgas, generales o educativas.

En esta ocasión me planteo si merece la pena hacerlo, pero puesto que la movilización contra la LOMCE se hace para mejorar la educación pública, con esa intención escribo aquí mis reflexiones previas:

1 – En mi opinión la huelga es un derecho de los trabajadores (por cierto, el ministro, con esa sagacidad que le caracteriza, ha dicho que “los profesores hacen huelga porque tienen trabajo fijo”. Su ilusión es que nadie tenga derecho a trabajo fijo. Evidentemente, los sustitutos e interinos despedidos no podrán hacer huelga), es un derecho, digo, que sirve de muy poco si es para quedarse en casa y luego manifestarse por la tarde. Así prácticamente pasa desapercibida, y así nos va… y nos irá.

2 – La huelga, si tiene algún efecto, es cuando se hace en los centros de trabajo, cuandos se hace visible el personal que está de huelga, cuando se reunen y suman fuerzas, se realizan asambleas, y se informa de los motivos y medidas a tomar.

Dicho esto, quiero informar de lo que yo haré el próximo jueves 24 de octubre:
A las 8 y media me personaré en mi centro de trabajo y esperaré en la entrada por si algún compañero o compañera secunda la huelga y está de acuerdo en realizar las acciones que mencioné antes.

Si no es así, cumplida mi hora de entrada, renunciaré a ejercer mi derecho de huelga y me incorporaré a mi trabajo en mi horario normal. Llegada la tarde valoraré si asistir o no a la manifestación convocada.

Si quieren más información sobre la huelga en Canarias basta con que hagan una búsqueda en Internet: https://www.google.es/search?q=huelga+24+octubre+educaci%C3%B3n+canarias&ie=utf-8&oe=utf-8&rls=org.mozilla:es-ES:official&client=firefox-a&channel=fflb&gws_rd=cr&ei=u6pnUt7KM4iA0AWTnoCQAQ

Y a quien le gusten los documentos, aquí está el Manifiesto conjunto para esta fecha.
Published in: on 23 octubre 2013 at 4:29 pm  Comments (1)  

Nada es lo suficiente bueno como para que no pueda estar en una escuela

Todos los cursos me ocurre lo mismo.
Tras el verano, cuando llego a mi centro me olvido de los “¡esto es lo que hay…!”, “¡hay que echarle ánimos”, “¡otros están peor…!”, “¡no hay más remedio…!” y letanías similares que oigo, y que yo mismo me digo a veces.
Y es que llego a mi centro como si fuese la primera vez que lo viese, como si fuese la primera vez que doy clase, y llegase con mis conocimientos de arquitectura y de construcción, y de sentido común, y me chirrían entonces de nuevo los pasillos estrechos, la oscuridad, el ruido, la suciedad, la falta de vegetación… y las aulas.
Y entro en mi aula y me parece que ha encogido, que esos 7 por 8 metros, 56 metros cuadrados, son aún mas pequeños. Y me pongo a recorrer el aula de esquina a esquina, y miro las baldosas, de 33 cm… ¿no eran de 40?”, pienso,… y abro las ventanas, atascadas, por su peso y por el verano, y espiro hondo… ¡uuuuffff…! y miro las mesas de dibujo, y las cuento, y también los incómodos y deteriorados taburetes, y miro y pienso en otra de mis… “Cosas de Plástica”:
“¿Cómo podré encajar 33 mesas de dibujo en este aula de 7×8 m.y que nos quede espacio para sentarse y caminar?”
Y hasta me pongo a mover mesas y a probar alternativas: en círculo, en hileras, en espiga, de 4 en cuatro… Y me digo: “…y si quito esas dos estanterías del fondo, a lo mejor…” Y con mi compañero de Plástica vaciamos y movemos las estanterías a otra aula… y…
Y luego recuerdo que no, recupero mi memoria y no, no es posible ampliar esos 56 metros cuadrados… Y vuelvo a recordar aquello de “¡esto es lo que hay…!”, “¡hay que echarle ánimos”, “¡otros están peor…!”, “¡no hay más remedio…!” 
Y me paro, y me digo: “Sí, sí que hay más remedios. Siempre he pensado que los espacios -y estrechuras- escolares dicen mucho de los países y de los pueblos, y de la estrechura de sus mentes.” y me vienen a la cabeza imágenes como esta:
Porque yo, cuando otros me hablan de la educación en Finlandia, Suecia, Corea o donde sea, no recuerdo porcentajes, ni tablas, ni gráficos, yo lo que recuerdo son las aulas que he visto en la tele, en internet, las fotos que me enseñaron mis compañeros que viajaron a Finlandia, y qué quieren, yo lo que recuerdo son esas aulas grandes, esos patios y pasillos amplísimos, con plantas, colores, taquillas, armarios y hasta fuentes donde beber, esos techos altos, esas mesas grandes y esas sillas cómodas… y me digo… “¿de verdad que no hay más remedio?”
Porque es cierto que cuando me dicen que no hay espacio ni dinero para muebles escolares, yo veo el Congreso de reformas millonarias y los futbolistas de fichajes indecentes en sus banquillos con los sillones tapizados… sufriendo… esas inversiones en estadios y eventos deportivos… “no hay dinero”, me dicen… 
Y mientras, yo pienso en otros países más pequeños que no gastan ni piensan demasiado en fútbol, pero sí en la Educación y opinan, como se dice en este artículo, que nada hay demasiado “cool” como para que no pueda estar en una escuela.

Mañana viernes dicen que jugaremos al fútbol contra Finlandia. Y algo me han dicho el sábado de unas olimpiadas. Sea cual sea el resultado, yo ya me siento bastante perdido. Y estrecho. Demente.

Published in: on 5 septiembre 2013 at 6:00 am  Comments (1)