Ausencias (a Manuel)

Quien sabe de ínsulas, sabe de ausencias, sabe de mares antiguos, sabe de piedras hundidas.




Duro es vivir lejano y ausente. Duro es ver partir la gente. Duro es el tiempo y la distancia.




Y el mar no contesta. Va y viene. Avanza y retrocede. Borra mis huellas. Lanza su espuma y su sal. Repite su sonido, casi como un latido.




Sólo cuando una pequeña mano, quizás dos, se agarran a las mías, ya vacías de piedras, y siento su calor y su latido, me doy cuenta entonces que el mundo es circular, y que algún día, serán ellos quienes estarán frente al mar, sintiendo mi ausencia, con sus manos, quizás, llenas de piedras.




Y vuelvo entonces junto a ellos, pisando arena seca, para vivir, para sentir, para entregar presencia y tiempo, pensando en que quizás ellos tampoco entiendan algún día mi ausencia injusta, repentina, inevitable, pero recuerden aquellos pasos que dimos junto al mar.

Este texto nació como comentario en el post “Vivir (a Lolo, a todas mis ausencias)” publicado por mi amigo Manuel Pérez Báñez en su excelente blog “Ínsula Dulcamara”. Allí lo comenté y a él se lo dedico.

La imagen, de la que no he podido averiguar su autoría y atribución, circula en Internet con el título amor-a-padres-playa.jpg Yo la encontré en el también excelente blog “El Adarve”, de Miguel Ángel Santos Guerra, en su post “Quien educa ama”.

Si alguien conoce la autoría de la imagen le ruego me lo haga saber en los comentarios. Gracias.

Published in: on 7 junio 2010 at 9:45 am  Comments (2)  

" … lo ideal sería que las notas las pusieran los padres…"

“En realidad, lo ideal sería que las notas las pusieran los padres. Quién sino ellos saben mejor que nadie lo listo que es el niño. (Encontrado en el Facebook de Ana Ovando)

Me está empezando a gustar Facebook. Tiene cosas curiosa Facebook: como el microblogging, las micronoticias, las micro-fotos, la micro-publicidad. Parece como si paseásemos por una playa de pequeños guijarros. A veces encuentra uno regalos, detalles, ideas… como éste, Ana nos envía al artículo de Elvira Lindo en El País:

Las notas
ELVIRA LINDO 02/07/2008

No entiendo muy bien qué quiere decir la ministra Cabrera cuando afirma que tenemos el mejor sistema educativo de la historia de España. ¿Es que no podemos aspirar a más viniendo de donde venimos? Porque si en vez de establecer la comparación con el pasado la establecemos con otros países europeos salimos mal parados. Tampoco entiendo eso de que el sistema educativo ha contribuido al progreso de los últimos años. Parece que no es un secreto que el auge español ha sido consecuencia, fundamentalmente, del disparatado negocio inmobiliario que, en estos momentos de desplome, deja al aire lo que muchos predecían: que nuestro país necesitaba menos ladrillo y más incentivos a la investigación, al desarrollo tecnológico, a esa economía sofisticada que guarda una relación estrechísima con el sistema educativo. Entiendo que los catastrofismos son estériles pero también lo es el maquillaje de la realidad, una realidad de la que tampoco es responsable la ministra actual. La cosa viene de largo. Llevamos años más atentos a los procedimientos que al aprendizaje. No sé qué valor formativo tiene, por ejemplo, que como planea hacerse en alguna comunidad autónoma, los padres se conviertan en supervisores permanentes de los exámenes de sus hijos. Una especie de vigilancia al vigilante que viene a sumar dolores de cabeza y burocracia a ese maestro que deberá acompañar las notas con comentarios explicativos. Tener que justificar cada calificación, en vez de hacerlo sólo cuando surge algún problema, es entender que el profesor debe estar bajo sospecha. Esta medida permitirá también, dicen, que los padres puedan mostrar el examen a docentes de otros centros, a fin de que entre todos podamos encontrar la nota justa. En realidad, lo ideal sería que las notas las pusieran los padres. Quién sino ellos saben mejor que nadie lo listo que es el niño.

>" … lo ideal sería que las notas las pusieran los padres…"

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“En realidad, lo ideal sería que las notas las pusieran los padres. Quién sino ellos saben mejor que nadie lo listo que es el niño. (Encontrado en el Facebook de Ana Ovando)

Me está empezando a gustar Facebook. Tiene cosas curiosa Facebook: como el microblogging, las micronoticias, las micro-fotos, la micro-publicidad. Parece como si paseásemos por una playa de pequeños guijarros. A veces encuentra uno regalos, detalles, ideas… como éste, Ana nos envía al artículo de Elvira Lindo en El País:

Las notas
ELVIRA LINDO 02/07/2008

No entiendo muy bien qué quiere decir la ministra Cabrera cuando afirma que tenemos el mejor sistema educativo de la historia de España. ¿Es que no podemos aspirar a más viniendo de donde venimos? Porque si en vez de establecer la comparación con el pasado la establecemos con otros países europeos salimos mal parados. Tampoco entiendo eso de que el sistema educativo ha contribuido al progreso de los últimos años. Parece que no es un secreto que el auge español ha sido consecuencia, fundamentalmente, del disparatado negocio inmobiliario que, en estos momentos de desplome, deja al aire lo que muchos predecían: que nuestro país necesitaba menos ladrillo y más incentivos a la investigación, al desarrollo tecnológico, a esa economía sofisticada que guarda una relación estrechísima con el sistema educativo. Entiendo que los catastrofismos son estériles pero también lo es el maquillaje de la realidad, una realidad de la que tampoco es responsable la ministra actual. La cosa viene de largo. Llevamos años más atentos a los procedimientos que al aprendizaje. No sé qué valor formativo tiene, por ejemplo, que como planea hacerse en alguna comunidad autónoma, los padres se conviertan en supervisores permanentes de los exámenes de sus hijos. Una especie de vigilancia al vigilante que viene a sumar dolores de cabeza y burocracia a ese maestro que deberá acompañar las notas con comentarios explicativos. Tener que justificar cada calificación, en vez de hacerlo sólo cuando surge algún problema, es entender que el profesor debe estar bajo sospecha. Esta medida permitirá también, dicen, que los padres puedan mostrar el examen a docentes de otros centros, a fin de que entre todos podamos encontrar la nota justa. En realidad, lo ideal sería que las notas las pusieran los padres. Quién sino ellos saben mejor que nadie lo listo que es el niño.