Cultura Ciega – Naturalezas Muertas

Parábola de los ciegos – 1568 – Pieter Brueghel
Pinacoteca de Capodimonte – Nápoles, Italia

Esta semana estuvo por aquí el ministro que dicen de Cultura, y nos trajo a Canarias una exposición de naturalezas muertas del Museo del Prado y una entrega de premios de Teatro. El señor Molina, que a mi parecer es más molino que gigante, debió pensar: qué mejor que traer una exposición de bodegones a una tierra conocida por sus plátanos y frutas tropicales.

A Tenerife, la tierra del surrealismo, donde nació Oscar Domínguez y que visitó Breton, trajo el ministro un conjunto de valiosas naturalezas muertas. Aquí, donde la naturaleza viva resiste como puede la invasión de edificios, puertos y aereopuertos. Toda una broma jocosa y casi surrealista que se habrá comentado con ironía en diversos mentideros de las islas.

Y aquí, a Las Palmas de Gran Canaria, don Cesar Antonio, cual nuevo patricio, vino acompañado por una pléyade de artistas, políticos y otros personajes de diversa catadura (¿o era caradura?) cultural, algunos cortesanos y otros locales, ciertos visionarios y muchos más vividores.

Aquí, donde el teatro Pérez Galdós está a punto de quebrar y otra sala de desaparecer, abrieron el teatro Cuyás, que hace poco suspendió funciones por falta de fondos, y escenificaron en él, naturalmente transmitido por televisión, y acompañado del llanto habitual por la “Cultura oficial”, ese rito endogámico en que anda metida esa misma “Cultura oficial”: premios, las mismas caras, los mismos besos, los mismos discursos agradecidos, las mismas advertencias apocalípticas. Quizás a esa manzana premio habría que cambiarle el antifaz por unas gafas negras. Para lo que hay que ver. Para lo poco que se puede ver aquí. En las islas Canarias. Lejos de Madrid.

No deja de ser casualidad que en estos días fuese yo a ver la película “Los Abrazos Rotos”, de Pedro Almodóvar. Historia de un guionista ciego que cuenta historias: “¿Y cuál es su secreto? No lo sé. Tengo que escribir para averiguarlo.” Eso nos dice en la película ese alter ego de Almodóvar, seguramente tan ciego que debe escribir para conseguir ver algo. Qué diferencia con el primer Almodóvar, que cámara en mano, nos mostraba libremente lo que veía o le gustaría ver, sin limitaciones, compromisos, ni cuotas que cumplir.

Curiosamente, hace poco se estrenaba la película “A ciegas”, otro habitual y”creativo” título español para “Blindness”, que significa ceguera, pero también obcecación, basada en la novela de Saramago Ensayo sobre la ceguera. La película no la he visto, pero la novela, ilustrada en su portada original con un fragmento del cuadro de Brueghel, la leí hace tiempo. (Hoy he visto otras portadas sencillamente horrorosas, nubes negras sobre una cara difuminada, más propias de un cartel de cine B de terror ). Esa perfecta narración de la oscuridad moral universal no sé si se plasmará bien en la película. (¿cómo narrar en imágenes la oscuridad?).

A ciegas. A ciegas vamos guiados por una cuerda de ciegos culturales. Personas ciegas que se asoman a los medios para soltar perlas muy diversas, para criminalizar a la sociedad, para secuestrar obras de la cultura universal, para hacer un uso particular y partidista de la cultura. La propiedad antes que la comunidad, el dinero antes que el valor, el delito antes que la causa.

No es extraño que estos ciegos que nos dirigen se extrañen. Empiezan a ser extraños hasta para sí mismos, sostenidos por los medios, que viven a su vez de ellos, en una endogamia perpetua a espaldas del público, en un discurso que aburre hasta a las viejas glorias, que calla a quienes antes hablaban.

Callamos.¿Dónde están nuestros intelectuales? ¿Qué dicen sobre derechos, libertad, cultura? Callan. Callamos nosotros también. Hoy, seguramente, García Lorca y su Barraca serían prohibidos, no por lo que representaban, no, seguramente lo serían por difundir la cultura sin los permisos pertinentes. Hoy no callarían a Miguel de Molina por su homosexualidad, sino porque los derechos de sus canciones pertenecerían a otros. Hoy no fusilan maestros, pero retiran los textos universales que comparten y difunden. Hoy los rectores no mandan a la policía contra los estudiantes por sus ideas, pero sí por una norma. Y nosotros callamos. No estamos ciegos, pero callamos.

En 1953, Rafael Alberti escribió su “Balada para los poetas andaluces de ahora”. Sus últimos versos son estos:

¿No habrá ya quien responda a la voz del poeta?
¿Quien mire al corazón sin muros del poeta?
¿Tantas cosas han muerto que no hay más que el poeta?

Cantad alto. Oiréis que oyen otros oídos.
Mirad alto. Veréis que miran otros ojos.
Latid alto. Sabréis que palpita otra sangre.

No es más hondo el poeta en su oscuro subsuelo
encerrado. Su canto asciende a más profundo
cuando, abierto en el aire, ya es de todos los hombres.

Cultura Ciega – Naturalezas Muertas

Parábola de los ciegos – 1568 – Pieter Brueghel
Pinacoteca de Capodimonte – Nápoles, Italia

Esta semana estuvo por aquí el ministro que dicen de Cultura, y nos trajo a Canarias una exposición de naturalezas muertas del Museo del Prado y una entrega de premios de Teatro. El señor Molina, que a mi parecer es más molino que gigante, debió pensar: qué mejor que traer una exposición de bodegones a una tierra conocida por sus plátanos y frutas tropicales.

A Tenerife, la tierra del surrealismo, donde nació Oscar Domínguez y que visitó Breton, trajo el ministro un conjunto de valiosas naturalezas muertas. Aquí, donde la naturaleza viva resiste como puede la invasión de edificios, puertos y aereopuertos. Toda una broma jocosa y casi surrealista que se habrá comentado con ironía en diversos mentideros de las islas.

Y aquí, a Las Palmas de Gran Canaria, don Cesar Antonio, cual nuevo patricio, vino acompañado por una pléyade de artistas, políticos y otros personajes de diversa catadura (¿o era caradura?) cultural, algunos cortesanos y otros locales, ciertos visionarios y muchos más vividores.

Aquí, donde el teatro Pérez Galdós está a punto de quebrar y otra sala de desaparecer, abrieron el teatro Cuyás, que hace poco suspendió funciones por falta de fondos, y escenificaron en él, naturalmente transmitido por televisión, y acompañado del llanto habitual por la “Cultura oficial”, ese rito endogámico en que anda metida esa misma “Cultura oficial”: premios, las mismas caras, los mismos besos, los mismos discursos agradecidos, las mismas advertencias apocalípticas. Quizás a esa manzana premio habría que cambiarle el antifaz por unas gafas negras. Para lo que hay que ver. Para lo poco que se puede ver aquí. En las islas Canarias. Lejos de Madrid.

No deja de ser casualidad que en estos días fuese yo a ver la película “Los Abrazos Rotos”, de Pedro Almodóvar. Historia de un guionista ciego que cuenta historias: “¿Y cuál es su secreto? No lo sé. Tengo que escribir para averiguarlo.” Eso nos dice en la película ese alter ego de Almodóvar, seguramente tan ciego que debe escribir para conseguir ver algo. Qué diferencia con el primer Almodóvar, que cámara en mano, nos mostraba libremente lo que veía o le gustaría ver, sin limitaciones, compromisos, ni cuotas que cumplir.

Curiosamente, hace poco se estrenaba la película “A ciegas”, otro habitual y”creativo” título español para “Blindness”, que significa ceguera, pero también obcecación, basada en la novela de Saramago Ensayo sobre la ceguera. La película no la he visto, pero la novela, ilustrada en su portada original con un fragmento del cuadro de Brueghel, la leí hace tiempo. (Hoy he visto otras portadas sencillamente horrorosas, nubes negras sobre una cara difuminada, más propias de un cartel de cine B de terror ). Esa perfecta narración de la oscuridad moral universal no sé si se plasmará bien en la película. (¿cómo narrar en imágenes la oscuridad?).

A ciegas. A ciegas vamos guiados por una cuerda de ciegos culturales. Personas ciegas que se asoman a los medios para soltar perlas muy diversas, para criminalizar a la sociedad, para secuestrar obras de la cultura universal, para hacer un uso particular y partidista de la cultura. La propiedad antes que la comunidad, el dinero antes que el valor, el delito antes que la causa.

No es extraño que estos ciegos que nos dirigen se extrañen. Empiezan a ser extraños hasta para sí mismos, sostenidos por los medios, que viven a su vez de ellos, en una endogamia perpetua a espaldas del público, en un discurso que aburre hasta a las viejas glorias, que calla a quienes antes hablaban.

Callamos.¿Dónde están nuestros intelectuales? ¿Qué dicen sobre derechos, libertad, cultura? Callan. Callamos nosotros también. Hoy, seguramente, García Lorca y su Barraca serían prohibidos, no por lo que representaban, no, seguramente lo serían por difundir la cultura sin los permisos pertinentes. Hoy no callarían a Miguel de Molina por su homosexualidad, sino porque los derechos de sus canciones pertenecerían a otros. Hoy no fusilan maestros, pero retiran los textos universales que comparten y difunden. Hoy los rectores no mandan a la policía contra los estudiantes por sus ideas, pero sí por una norma. Y nosotros callamos. No estamos ciegos, pero callamos.

En 1953, Rafael Alberti escribió su “Balada para los poetas andaluces de ahora”. Sus últimos versos son estos:

¿No habrá ya quien responda a la voz del poeta?
¿Quien mire al corazón sin muros del poeta?
¿Tantas cosas han muerto que no hay más que el poeta?

Cantad alto. Oiréis que oyen otros oídos.
Mirad alto. Veréis que miran otros ojos.
Latid alto. Sabréis que palpita otra sangre.

No es más hondo el poeta en su oscuro subsuelo
encerrado. Su canto asciende a más profundo
cuando, abierto en el aire, ya es de todos los hombres.